Juventud (21)

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 24 de febrero de 1935 en la sección «Juventud» de la revista «Crónica». Texto y titular proceden de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

Otra vez los títulos.

El hecho de que se hayan presentado muchas instancias de licenciados y doctores en la convocatoria para cubrir plazas de auxiliares en la Dirección General de Seguridad ha motivado comentarios tan variados como pintorescos. No se ha fijado la atención de los comentadores en lo más significativo: que haya diez y seis mil aspirantes para doscientos cincuenta puestos. Eso es, en realidad, lo que importa destacar de un modo terminante. Deducir de ello que es necesario limitar el número de titulados universitarios nos parece absurdo. Con título o sin él, esos diez y seis mil aspirantes existirían y serían —como son— prueba de que hay una gran cantidad de «sin trabajo».

Cabría hablar en otra forma si se nos demostrase que los campos están sin cultivar por falta de brazos, que las fábricas necesitan más obreros, que no hay albañiles que construyan casas, que no hay carbón porque se carece de mineros. Pero hace muy pocos días la estadística oficial nos ha informado de que hay cerca de setecientos mil obreros en paro forzoso en España. Teniendo presente que, inevitablemente, esos datos no comprenden todos los casos de huelga obligada, podemos aventurarnos a calcular en casi un millón los obreros en paro forzoso, total o parcialmente.

¿Qué derivaciones tendría en criterio de los «limitistas» se se llevara hasta el fin con absoluto rigor lógico? Ya lo indicamos no ha mucho en estas columnas. Se llegaría a excluir de la vida social, por limitaciones sucesivas, a eso que ciertos «sociólogos a la violeta» han denominado «superproducción humana».

Equivale esto a combatir los síntomas respetando la raíz, la causa del mal. Equivale a ir amputando miembros uno a uno, en lugar de atacar directamente al germen patógeno. Mas nuestros «reformadores» no quieren verlo. Y… ¡tente, pluma!, que en boca cerrada no entran moscas.

En la «superproducción humana» ocurre lo que en la industrial. Sobra café; se queman anualmente millones de sacas de este preciado fruto. Sobran zapatos; se inutilizan periódicamente muchos pares. En los almacenes de todas las ciudades sobran ropas y alimentos. Hay, pues, un exceso de producción. Y los orondos teorizantes de la Sociología quedan tan satisfechos de su perspicacia, olvidando (los sabios son muy distraídos) el pequeño detalle de que van por el mundo millares de seres humanos descalzos, desnudos y con el estómago vacío.

¿No sucede algo semejante con el «exceso» de intelectualidad? ¿Puede alguien afirmar seriamente que sobran doctores y licenciados en un país donde hay un crecido porcentaje de analfabetos y donde todavía están en sus comienzos las organizaciones de Sanidad, de Ingeniería, etc.? ¿Sobran maestros donde faltan cien mil escuelas? Evidentemente, la lógica es un molino que nos da harina de lo que en él echemos para moler.

Inconsecuencia.  

Veamos una muestra de contradicción curiosísima. Existe el título de profesor de Dibujo. Entra en el número de los que, según muchos comentadores, deben limitarse. Y cuando se cubren plazas de catedráticos de esa asignatura en los Institutos ¡se proveen con no titulados! ¿Sobra, pues, profesores? Nos gustaría saber cómo explican esa anomalía los «reformadores». No se trata de una inadvertencia, ya que la Asociación de Profesores Titulares de Dibujo ha presentado hace tiempo el oportuno recurso, y éste se halla pendiente de resolución del Tribunal Supremo.

Lo único lógico en este caso es la protesta de esos profesores que, tras de someterse a las pruebas de suficiencia necesarias para obtener el título, ven ocupados por otras personas (muy dignas, sin duda, de respeto, pero que no han tenido que cursar una carrera) los puestos que legítimamente les corresponden a ellos.

Luis HERNÁNDEZ ALFONSO

~ por rennichi59 en Domingo 14 agosto 2011.

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