Juventud (29)

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 30 de junio de 1935 en la sección «Juventud» de la revista «Crónica». Texto y titular proceden de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

Otro caso.

Reiteradamente nos hemos ocupado en estas columnas de la injusticia de que eran víctimas los profesores de Dibujo de nuestros Institutos. Y al romper lanzas en pro de esos muchachos, a quienes se les han exigido pruebas de capacidad para el ejercicio de la enseñanza, ya indicábamos que existían casos análogos al suyo, a los cuales nos referiríamos oportunamente.

La oportunidad nos la proporciona una extensa y amable carta que nos envía don Agustín Fernández Amigo, profesor de Educación Física en el Instituto de Segunda Enseñanza de Villacarrillo. Nuestro comunicante, después de adherirse fervorosamente a la campaña que en pro de los profesores de Dibujo hemos emprendido, hace atinadísimas observaciones respecto a la situación en que se hallan los que con la denominación de «ayudantes» y el «magnífico» sueldo anual de 1.500 pesetas, vienen desempeñando desde hace siete años la clase de Educación Física, muchos de los cuales son médicos y están, por ende, «en las mejores condiciones científicas» para el ejercicio de sus actividades pedagógicas en la citada materia.

«¿No es ilógico —escribe el señor Fernández Amigo— que un funcionario que desde su nombramiento ha ocupado un cargo de profesor y ha demostrado en el transcurso de varios años que sabe desempeñar este cargo continúe en la actualidad, a pesar de todo, con esa designación secundaria de ayudante y ese sueldo que debía ser un baldón para un Estado?».

Examen.

No es «que debía»; es, positivamente, un baldón para el Estado que subsista semejante injusticia. Porque no hay excusa: o dichos ayudantes no están capacitados para regir tales enseñanzas, caso en el cual no deben continuar encargados de ellas, o lo están y tienen derecho a una retribución decorosa y a la consideración de profesores.

Se impone como condición necesaria, para ser nombrado, cursar estudios de especialización en la Facultad de Medicina de la Universidad Central. Y a mayor abundamiento, hay algunos de esos «ayudantes» que tiene acreditada por el Estado la preparación práctica de varios años.

La función de los profesores de Educación Física en los Institutos es de importancia indiscutible. No se limita —como en otros tiempos— a la realización de los más elementales ejercicios de gimnasia. La conexión estrecha entre los métodos pedagógicos y la Medicina abre a su actividad enorme campo, y su cometido alcanza una transcendencia definitiva.

Deben realizar en los Institutos obra semejante a la que el médico escolar verifica en los Centros de primera enseñanza, confeccionando ficheros antropológico, biológico y sanitario, regulando así la mayor o menor capacidad física de los alumnos, para evitar el surmenage intelectual, etc. Creemos que su misión es de importancia digna de tenerse en cuenta.

Por la juventud.

No es sólo por el interés de los «ayudantes» —y ello sería motivo suficiente—, sino también por el de los escolares de esos Centros, por lo que estudiamos aquí el problema. El Estado no puede exigir a sus funcionarios sacrificios tales que les acarreen graves perjuicios. El hecho de que, por honradez y por entusiasmo, los ayudantes atiendan perfectamente sus obligaciones pedagógicas, no podrá nunca justificar que el Estado establezca, en calidad de normales, condiciones económicas que constituyan sacrificio para esos funcionarios.

Si se desea una función bien atendida; si se pretende alcanzar en ella la eficacia máxima; si se imponen deberes que la garanticen…, es imprescindible fijar a los encargados de cumplirlos emolumentos en consonancia con la labor que realizan.

El Estado no puede pretender una formación física de su juventud escolar retribuyendo de esa manera, mezquina a todas luces, a los encargados de llevarla a cabo y negándoles el título de profesores, con la consideración a ella pertinente.

Es necesaria, inaplazable, una labor reparadora de tan sangrantes injusticias; no pueden continuar semejantes desigualdades. La subsistencia de esos verdaderos parias de la enseñanza oficial es un motivo de bochorno para el Estado en cualquier nación que aspire a ocupar un lugar decoroso entre las civilizadas. Bien está que se introduzcan reformas en los planes de estudios, persiguiendo mayor eficacia de los mismos; pero esto ha de hacerse sobre la base de colocar a los profesores en condiciones que les permitan dedicar, sin sacrificios, sus actividades al logro de la misión que se les confía.

No ya por el decoro de esos «ayudantes» (e insistimos en que esa consideración sería más que suficiente para justificar esta protesta), sino por el del Estado español, por dignidad de la enseñanza pública, es inaceptable que haya profesores a los que se les pague por sus servicios la irrisoria cantidad anual de 1.500 pesetas, sin que, además, se les tenga en cuenta el tiempo que llevan prestando su colaboración profesional.

¡Señor ministro de Instrucción Pública!

Ignoramos la beligerancia que el señor ministro (1) concederá a nuestras opiniones; desconocemos si las lee y si, aun leyéndolas, nos honrará tomándolas en consideración. Ningún fin personal perseguimos al estamparlas aquí. Deseamos sólo contribuir con nuestra modestísima, pero leal y entusiasta aportación, al mejoramiento de la enseñanza y a la justa resolución de sus múltiples y graves problemas.

Cumplimos nuestro deber, y creemos que el señor ministro no ha de negarnos la misma autoridad que se concede a cualquier ciudadano que honradamente ejercita sus derechos. Y con esa esperanza proseguimos la emprendida labor, señalando casos y exponiendo argumentos.

Ahora el señor ministro tiene la palabra. Confiamos en su espíritu de justicia y en su interés por la cultura patria.

Luis HERNÁNDEZ ALFONSO

[1] Ocupaba este cargo en el sexto y último gobierno presidido por Lerroux desde el 6 de abril de 1935 el liberal demócrata Joaquín Dualde Gómez (1875-1963). [Nota de Pablo Herrero Hernández]

~ por rennichi59 en Sábado 20 agosto 2011.

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