Juventud (38)

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 9 de febrero de 1936 en la sección «Juventud» de la revista «Crónica». Texto y titular proceden de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

Conocimiento

Para que dos pueblos se estimen es necesario que se conozcan, que se comprendan, que se comuniquen. Esta verdad —que no la hemos inventado nosotros— nos acude a la pluma después de haber mantenido una prolongada entrevista con el culto y agudo diplomático vizconde de Riva-Tamega, representante de Portugal en España y hombre para quien llega a constituir una obsesión el estrechamiento de las relaciones intelectuales entre la juventud de ambos países.

La reciente visita con que honró al nuestro el ilustre Julio Dantas puede ser el comienzo de una etapa de ese plan de intercambio, en el cual debe tomar parte muy activa la gran familia universitaria española.

Portugal y España ocupan un territorio en el que no existen fronteras naturales que justifiquen el desconocimiento de una nación por su vecina. La Historia de una y otra es común durante muchos siglos; y cuando comenzó a no serlo, ambos pueblos, con idéntico espíritu, realizaron una sola misión, surcando los mares, explorando ignoradas tierras, ampliando los límites de lo conocido en una tácita división de la obra reservada por la Naturaleza al genio ibérico.

Pues bien: esos dos pueblos que geográfica, histórica y culturalmente se complementan; esos pueblos que en estrecha inteligencia realizarían una misión fecunda para la Humanidad y para ellos mismos; esos pueblos hermanos de sangre y de ideal, viven hoy desconociéndose, de espaldas uno al otro, como si en lugar de asentarse en una sola Península estuvieran separados por barreras infranqueables.

Labor

Hay que evitar que esto continúe. No bastan esas visitas de ilustres conferenciantes ni las simpáticas excursiones de tunas escolares. Es necesario mucho más: es precisa una difusión, un intercambio científico, artístico y literario constante. Ha de llegarse a una compenetración espiritual que permita mirar al porvenir con el optimismo que sienten quienes están seguros de su capacidad y del camino por el cual han de desarrollarla.

¿Qué procedimientos deben seguirse? No nos consideramos con autoridad suficiente para trazar un plan; pero estimamos que serían de gran eficacia, entre otros actos, los siguientes:

Celebración anual de Exposiciones hispanolusitanas (ibéricas deberían llamarse), alternativamente, en Lisboa y Madrid, o en otras capitales de ambos países.

Certámenes literarios oficiales, con discernimiento de premios «ibéricos» para composiciones en los dos idiomas.

Intercambio universitario, con becas numerosas y decorosamente dotadas.

Creación de cátedras de portugués en España, y de español en Portugal.

Fundación de un Centro de Estudios Ibéricos para la investigación arqueológica, geográfica, geológica, etc., del territorio peninsular.

Establecimiento de viajes colectivos frecuentes para conseguir un mutuo conocimiento real, de visu, no meramente literario o téorico. Estas excursiones podrían extenderse a las colonias y protectorados.

Publiación oficial de una gran revista ibérica, redactada en ambos idiomas, con reportajes gráficos y literarios de los dos países.

Intercambio de colonias veraniegas infantiles, para habituar a los hombres del mañana a considerarse hermanos de sus vecinos peninsulares, impidiendo así el brote de nacionalismos exclusivistas y perjudiciales.

Celebración de festivales de música popular portuguesa y española en diversas ciudades de los dos países, con intervención de masas corales, tunas, rondallas, etc.

Creación de una editora cinematográfica luso-española para divulgación de las bellezas naturales y monumentales de las tierras ibéricas.

Instauración del Día Ibérico, que pudiera ser el natalicio del inmortal Magallanes, personaje que pertenece por igual a los dos pueblos.

Otras muchas cosas podrían hacerse para lograr el fin indicado; pero bastaría con llevar a la práctica las expuestas para que el conocimiento recíproco se convirtiera en grata y fructífera realidad.

Llamamiento

Nosotros, humildes periodistas, sin otro caudal que la buena voluntad y el deseo de contribuir, con la aportación modesta de nuestras ideas, al mejoramiento cultural de la juventud, no disponemos de medios para realizar esa importante labor. A los Gobiernos portugués y español, a sus representantes diplomáticos, a las entidades oficiales y particulares (Universidades, Academias, Liceos, Agrupaciones literarias, científicas, artísticas, etc.) de ambas naciones, editoriales, periódicos…, les corresponderá íntegramente el trabajo y la gloria de convertir en realidad esa aspiración.

A ellos nos dirigimos, en demanda de que acojan estas iniciativas. ¿Quedarán ellas abandonadas, como tantas otras, útiles, sin duda, que no obtuvieron el apoyo que por su finalidad merecieran?

Sabemos que el excelentísimo señor encargado de Negocios de Portugal aceptará con estusiasmo esta misión, de la que tan hermosos frutos pueden esperarse. Conocemos igualmente hasta qué punto comparte ese entusiasmo el ilustre Julio Dantas, que apoyaría sincera y vigorosamente cualquier labor encaminada a la compenetración espiritual de los dos pueblos hermanos.

Como españoles, como ibéricos y como latinos, esperamos que nuestra humilde voz halle cálido eco en quienes pueden y deben, con más autoridad que nosotros, realizar la obra que propugnamos.

Luis HERNÁNDEZ ALFONSO

~ por rennichi59 en Lunes 29 agosto 2011.

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