Juventud (39)

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 16 de febrero de 1936 en la sección «Juventud» de la revista «Crónica». Texto y titular proceden de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

No acertamos a explicarnos las razones que tiene el señor Villalobos contra la asignatura de Técnica Agrícola e Industrial, que figura en el plan del Bachillerato. En su anterior etapa ministerial (1), varios catedráticos y algunos periodistas (entre los que tuvimos el honor de contarnos) alzamos nuestra voz para protestar de una supresión que estimábamos —y seguimos estimando— inoportuna. Y tan pronto como vuelve a ocupar el cargo el señor Villalobos, la Gaceta nos informa de que la Técnica Agrícola ha sido suprimida del plan aludido.

Nos hubiéramos explicado que al trazarse el cuadro de disciplinas consideradas imprescindibles se hubiese incurrido en una omisión; pero lo que no cabe admitir es que, subsanada ésta, se dicte una disposición en virtud de la cual enseñanza que tenemos por absolutamente precisa se elimine. ¿Es que el señor ministro estima superfluo que los futuros médicos, abogados, veterinarios, jueces, registradores, etc., etc., conozcan materias de tan vital importancia para la vida nacional?

Creíamos ya ganada la batalla. Tantos y tan claros eran nuestros argumentos, que sólo cabía rectificar la omisión injusta.

España es un país eminentemente agrícola; por si esto fuera poco, el desarrollo industrial de nuestra patria se halla muy lejos de alcanzar el nivel indispensable para que las necesidades económicas del territorio se satisfagan con los recursos propios. Cualquier intento de reconstrucción de nuestra economía —sea cual fuere el criterio que para ello se adopte— habrá de basarse en el conocimiento de los problemas agrícolas e industriales que están planteados y que reclaman resolución urgente. No basta que unos cuantos hombres hayan estudiado las circunstancias que rodean el desenvolvimiento económico del país. De nada serviría esto si la gran masa, que es la que, a fin de cuentas, ha de cooperar al desarrollo de las medidas que se adopten, ignora la manera de prestar esa colaboración.

La legión de ciudadanos que, cada cual en su esfera de acción y en su respectivo campo de actividad, ha de convertir en realidades fructíferas los proyectos de los «iniciados», sólo podrá cumplir con su deber si conoce el alcance del mismo. En el mundo entero, las colectividades humanas se organizan de manera que todos los miembros que las integran intervengan de modo más o menos directo en la obra de su gobernación.

Por ello, sería conveniente que absolutamente todos los ciudadanos estudiasen asuntos de tan vital importancia como son los referentes a las producciones agrícolas e industriales del país; y no ya conveniente, sino indispensable, que lo hagan quienes, por razón de los cargos que hayan de ostentar, son agentes forzosos de cuanto en relación a tales problemas se intente. ¿Es que se puede actuar en los medios rurales desconociendo las características del agro? ¿O en los ambientes fabriles sin conocer los rudimentos de la técnica industrial, las circunstancias que rodean la vida de las aglomeraciones productoras?

Ya muchos catedráticos han protestado del nuevo ataque contra la Técnica Agrícola. Y, como en otra ocasión hicimos, rogamos respetuosamente al señor ministro de Instrucción Pública que medite bien sobre tan interesante extremo. Tan extraña nos parece la resolución adoptada, tan lesiva para los destinos del país, tan contraria a las conveniencias de nuestra economía, que esperamos una rectificación. No puede alegarse que la forma de cursarse la suprimida disciplina en los Institutos españoles sea insuficiente. Los profesores han hecho públicos los métodos teóricos experimentales seguidos y nuestra humilde pluma informó al público de cómo funcionaba un laboratorio de la repetida asignatura en el Instituto del Cardenal Cisneros de Madrid.

Aunque así no fuese, es decir, aunque la asignatura no se explicase de manera tan eficaz, lo que procedería sería dar mayor eficacia a los estudios; pero jamás suprimirlos.

Esperamos que el señor ministro preste atención a los razonamientos que en favor de nuestra petición se aducen.

Hemos de pensar, por el contrario, que le guía a él, como a nosotros, el deseo de elevar la formación cultural y la eficiencia práctica de los bachilleres. Tampoco debemos atribuirle un prurito de imitar planes extranjeros sin tener en cuenta las diferencias que separan a otros países del nuestro.

Luis HERNÁNDEZ ALFONSO

[1] El liberal demócrata Filiberto Villalobos González (1879-1955) había desempeñado con anterioridad la cartera de Instrucción Pública en los Gobiernos 1.º de Samper (28-IV/4-X-1934) y 4.º de Lerroux  (4-X-1934/3-IV-1935), y la desempeñaba a la sazón en el 2.º Gobierno de Portela Valladares (30-XII-1935/19-II-1936), último del Bienio Negro. [Nota de Pablo Herrero Hernández]

~ por rennichi59 en Lunes 29 agosto 2011.

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