Juventud (40)

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 31 de mayo de 1936 en la sección «Juventud» de la revista «Crónica». Texto y titular proceden de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

Aire libre.

Nuestros jóvenes piden aire, sol, luz. Quieren sentir plenamente la libertad de la Naturaleza y redimirse, por el deporte, de la debilidad física, perturbadora de tantas vidas útiles y culpable de tantas amarguras.

En España se ha circunscrito el deporte a clubs particulares, y, dentro de ellos, se le ha reducido a un área profesional, por una parte, y comercial, por otra. Las competiciones balompédicas, por ejemplo, constituyen espectáculos no siempre acordes con las finalidades deportivas. Es necesario, para que resulten efectivos los beneficios sociales de la cultura física, ampliar tanto el número de los participantes, que disfruten plenamente de las ventajas todos los individuos que sientan amor al deporte y ansias de mejoramiento corporal.

En la misma capital de la República no existen campos adecuados y de libre acceso. Basta recorrer, un cualquier día festivo, los alrededores de la población. En descampados y solares, llenos de detritus, los muchachos juegan al fútbol, levantando nubes de polvo cargado de miasmas. El beneficio que el juego procura en sí queda anulado por la falta de condiciones higiénicas en que se desarrolla.

Labor.

Las autoridades —nacionales y locales— tienen, pues, una titánica labor que realizar; y si se deciden, como esperamos, a verificarla, se harán acreedoras a la gratitud de las nuevas generaciones, a cuyo bienestar habrán contribuido decisivamente.

Estado, Provincia y Municipio poseen amplios terrenos, fácilmente convertibles en campos deportivos. Los gastos que se originen, lejos de constituir un derroche, serán largamente compensados por el mejoramiento de la salud pública.

Con sorpresa y disgusto hemos escuchado, como argumento contra éstos y parecidos desembolsos, afirmaciones tan peregrinas cual ésta: «Los ingresos no amortizarán el dinero empleado en la obra». Esto equivale a pretender convertir en negocio un servicio público. Semejante criterio, lógico en una Empresa comercial, es inadmisible en un Estado, una Diputación o un Municipio.

El particular que emprende un negocio busca, naturalmente, un beneficio pecuniario. No se le puede pedir, en la actual organización social, que sacrifique su interés privado en aras de la conveniencia de la colectividad, sin compensación adecuada. Pero la actividad de los organismos oficiales tiene —o debe tener— como finalidad inexcusable, la satifacción de las necesidades públicas. Y el rendimiento no consiste ahora en ganancias pecuniarias, sino en la consecución de ese objetivo.

El que instala una Academia particular busca un beneficio metálico, y si no lo obtiene, no ha logrado su propósito. En cambio, el Estado consigue plenamente la finalidad perseguida al crear escuelas, si merced a ellas combate y disminuye el analfabetismo. La desaparición de la ignorancia es el resultado más remunerador que puede lograr la Instrucción Pública, aunque ello le cueste grandes sacrificios económicos al Estado.

La cultura física, conducente al rápido y eficaz mejoramiento de la salud colectiva e individual, ha de considerarse como necesidad social ineludible. Es un aspecto importantísimo de la formación juvenil, y de él depende, en gran medida, el porvenir de las generaciones venideras.

Proyectos.

Foméntese la creación de piscinas, solariums, gimnasios y campos de deporte, lo mismo que se estimula y activa la construcción de grupos escolares. Hay que lograr que en todos los pueblos de España se habiliten espacios en los que niños y jóvenes se ejerciten en tan higiénicas y saludables prácticas. Con ello se contribuirá a la superación física, base, naturalmente, imprescindible del mejoramiento intelectual.

La cultura física no puede abandonarse a la iniciativa particular, ni convertirse en privilegio de tirios o troyanos. Hay que ponerla al alcance de todos los ciudadanos, y para conseguirlo urge que aporten su esfuerzo, noble y eficaz, los organismos oficiales, en coordinado conjunto.

Ayuntamientos como el de Madrid pueden por sí mismos resolver el problema en la esfera local, creando estadios y campos de entrenamiento. Nada se opone a que, mediante festivales, se contribuya a cubrir los gastos; pero que no sea nunca finalidad primordial la obtención de ganancias. Con el mejoramiento físico de los vecinos hay más que suficiente remuneración.

Luis HERNÁNDEZ ALFONSO

~ por rennichi59 en Martes 30 agosto 2011.

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