Juventud (41)

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 12 de julio de 1936 en la sección «Juventud» de la revista «Crónica». Texto y titular proceden de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

Inteligencia e ignorancia.

Decía bien el llorado maestro: «En España hay ríos de inteligencia que se pierden en el mar de la ignorancia». Estos campesinos, muchos de ellos analfabetos, piensan de un modo normal, y si en ocasiones muestran cierta pereza intelectual, débese tan sólo a la falta de gimnasia cerebral, a la carencia de entrenamiento cultural, a la ausencia casi absoluta de elementos de juicio y medios de expresión.

Hay que llevar a los campos —ávidos del agua del saber— mucha de la «divulgación» que se realiza en las ciudades, mientras no sea posible atender intensamente a ambas exigencias. El obrero de la ciudad tiene ya medios de obtener una gradual e incesante ampliación de su cultura; si pone en tal empeño su voluntad, no le es difícil lograrlo. Hay múltiples bibliotecas, centros de estudios, cátedras de toda índole que le brindan el verdadero «pan para el espíritu».

En cambio, en pueblos y aldeas, el campesino carece de todas esas posibilidades. Está deseoso de «conocer», sediento de cultura. Os escucha con ojos brillantes, entre sorprendido e incrédulo, cuando le habláis de cosas cuya existencia no sospechó siquiera. Le asombran aún hechos que para el más inculto de los obreros ciudadanos son conocidos y corrientes. Os acosan a preguntas que demuestran, a la vez, dos realidades; una, triste y dolorosa; la otra, confortadora. Incultura y ansia de aprender.

No es cierto (como con injusticia criminal se dice por quienes hablan de este problema sin haberse tomado la molestia de estudiarlo) que el aldeano se niegue a ilustrarse, que sea refractario a la cultura. Nadie que haya hablado con estos hombres rudos —si ha sabido ganarse su confianza— podrá sinceramente afirmarlo. El campesino quiere aprender; tiene el mejor instrumento que puede apetecer un divulgador: la curiosidad insaciable, infantil e ingenua.

Iniciativa.

Es, indudablemente, el Estado a quien corresponde realizar esta gran labor cuyo objetivo sea arrancar a la ignorancia su presa más valiosa. A él, pues, le incumbe organizar esta «cruzada cultural campesina». Para ello se crearon las Misiones Pedagógicas, cuya labor nos mereció siempre elogios entusiastas.

Pero es preciso que en tan ardua tarea los organismos oficiales tengan el apoyo de todos cuantos se hallen en condiciones de cooperar en ella. Maestros, ingenieros, médicos, abogados, periodistas, pueden realizar una labor muy útil poniéndose a la disposición del Ministerio de Instrucción Pública, para llevar a los campos el caudal de cultura que esperan y necesitan.

Algo, en fin, semejante a esa Universidad Popular creada por los estudiantes; pero que, aprovechando fiestas y vacaciones, se desplace a los pueblos para dar conferencias o charlas, organizar actos artísticos, sesiones de cinema educativo, etc.

He ahí una empresa digna de nuestra juventud laboriosa y entusiasta.

Luis HERNÁNDEZ ALFONSO

Arganda y Junio 1936.

~ por rennichi59 en Jueves 1 septiembre 2011.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: