Verás: una mañana…

Poesía inédita de Luis Hernández Alfonso dedicada a su hija María Consuelo Hernández Rodríguez (1931-2003) y escrita en la Prisión Provincial de Granada el 25 de marzo de 1942. De ella se conservan tanto el manuscrito autógrafo como su transcripción mecanografiada, con firma autógrafa.

Cuatro son las diferencias principales existentes entre las dos versiones: la dedicatoria («A mi hija» en el manuscrito, «A mi hijita» en la transcripción); el verso 16 («solo un minuto…» frente a «solo un instante…»); el 23 («cuya luz me alumbra» frente a «cuya luz me alumbre»), y la fecha: «25 marzo 1942» en el manuscrito y «marzo de 1942» en la copia mecanografiada. Se transcribe el texto de esta última, al juzgarlo el definitivo según el criterio del Autor, y al final del texto se reproducen ambos documentos.

VERÁS: UNA MAÑANA…

A MI HIJITA

Verás: una mañana

(no sé por qué ni cuándo)

como por sortilegio,

como por un milagro,

tú, fruto de mi amor y de mi sangre,

me tendrás a tu lado.

   Y sentirás mis besos

sobre tu frente de marfil y nardo;

me miraré en tus ojos inocentes

que tienen luces de cristal de lago.

   Y los dos callaremos,

confusos, abismados,

en torpe despertar de pesadilla

cuyo intenso dolor no se ha borrado.

   Y luego lloraremos

(solo un instante… que será tan largo

como nuestra emoción y nuestra espera

del día deseado).

   Yo volveré, nenita: esa esperanza

me ha sostenido días, meses, años…

   Vivo solo por eso:

vivo solo esperando

mirar tus ojos cuya luz me alumbre,

besar tu frente de marfil y nardo…

Luis Hernández Alfonso

PRISIÓN PROVINCIAL DE GRANADA
Marzo de 1942

~ por rennichi59 en Domingo 11 marzo 2012.

6 comentarios to “Verás: una mañana…”

  1. Deliciosa, delicada, fabulosa. Un regalo. Gracias.

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  2. Muchas gracias, Leonor, por tu sensibilidad y por expresarla. Recibe un fuerte abrazo.

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  3. Cuánto amor y cuanta ternura. Precioso.

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  4. Gracias por tu comentario, amigo. En efecto, pocas veces he visto hecha poesía de forma similar la ternura de un padre hacia su hija, máxime en una situación como la de la cárcel —esa que tan bien fotografiaste— que los mantiene alejados al uno de otro. En mi abuelo, en Luis Hernández Alfonso, como en todo poeta auténtico y no sólo de circunstancias, las vivencias se hacían poesía con toda naturalidad. Quizá estribe en ello el que sigan teniendo tan buena acogida tantos años después.

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  5. Qué cosa más bonita por favor

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