Observaciones acerca del uso de algunos vocablos y de su admisión por la R. Academia

Explicación.

En esta parte agrupamos diversas «observaciones» relativas a la admisión o reprobación de vocablos por la Academia Española, así como otras que nos ha parecido oportuno incluir, por cualquier circunstancia.

Nos limitamos, en todas ellas, a exponer nuestro humilde criterio. No somo —ya lo hemos hecho constar en los comienzos de esta obra— filólogos, lingüistas ni siquiera eruditos. Amamos —más que conocemos— nuestro idioma; y nos impulsa el afán de contribuir a su defensa, aunque solo sea con las minúsculas participaciones que están al alcance de los profanos o casi profanos en la materia.

Si, en algunos casos, discrepamos de la opinión sustentada por la Real Academia, nunca debe interpretarse nuestra actitud a menosprecio, indiferencia ni, mucho menos, animadversión. Somos los primeros en proclamar la eficacia y en acatar la autoridad de la docta Corporación, cuya labor perseverante, acertada y ecuánime ensalzamos como se merece.

Pero, según en la introducción de este libro manifestamos, el respeto y la admiración que la Academia nos inspira no nos impide exponer las objeciones y los reparos que, honradamente, creamos que deben hacerse a sus decisiones.

No aspiramos a «poner paño al púlpito»; pero sí estimamos que es cumplir un deber de buenos españoles el aportar nuestro grano de arena a la ardua tarea de defender la lengua castellana, patrimonio de todos los que hablamos el idioma español.

Creemos que nuestras humildes «observaciones» pueden servir para algo; de no ser así, no las hubiésemos escrito. Nos confirma en la creencia de esa posibilidad el hecho de que la aparición de la edición del Diccionario Manual, de 1950, nos haya forzado a retirar muchas «papeletas» que, en vista de la edición primera habíamos redactado. Y, con satisfacción lo decimos, en todos esos casos, la decisión académica ha coincidido con el criterio sustentado en nuestras «observaciones» anuladas. De éstas —por mera información— incluimos una breve lista, como nota demostrativa.

Ignoramos si la benevolencia de la Academia Española llegará hasta el punto de que lea estas páginas, honor que agradeceríamos infinito. Y, naturalmente, nos satisfaría más aún que tomase en consideración nuestros alegatos, todos ellos mantenidos con la finalidad única de cooperar, modestamente, a la conservación del hermoso idioma de Cervantes.

[Luis Hernández Alfonso, Defensa del Idioma (1948-1952)]

~ por rennichi59 en Lunes 26 marzo 2012.

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