Los colonizadores españoles: Su sentido político.— Ejemplos

Artículo de Luis Hernández Alfonso publicado el 30 de junio de 1929 en la sección «Página iberoamericana» de la revista mensual madrileña «España Marítima». Texto y titular proceden de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

No han faltado historiadores que, interpretando de una manera lamentable los acontecimientos de la conquista de América por los españoles, pretendieron señalarlos como prototipos de tiranía y de rapacidad. Por un fenómeno naturalísimo, otros autores, saliendo en defensa de aquellos héroes tan gratuitamente calumniados se han creído en el caso de ensalzarlos hasta parangonarlos con los santos de los altares.

Pero ni unos ni otros han solido examinar la cuestión con ecuanimidad, colocándose para ello en el terreno más adecuado a la crítica imparcial. Juzgar a los colonizadores del siglo XVI con un «criterio actual», es el más crado de los errores en que puede incurrirse.

No se trata ya, en consecuencia, de arremeter contra la odiosa «leyenda negra», tan desacreditada y maltrecha después de los nobles ataques de los Juderías y los Lummis. Nadie cree ya en ella y hay, por fortuna, historiadores americanos (como Navarro, argentino, y Cúneo Vidal, peruano) que se han alzado no por sentimientos y con argumentos de fraternidad, sino por justicia y esgrimiendo datos incontrovertibles y documentos irrecusables para negar las pretendidas enormidades cometidas por aquellos civilizadores del Nuevo Mundo.

Hállase archidemostrado que las civilizaciones precolombinas de América entrañaban crueldades terribles (los sacrificios humanos entre los aztecas y cuyambis, el entierro en vida en los «coyas» y «ñusotas» junto con el cadáver del Inca, etc), y que nada se perdió con destruirlas. Pretender negarlo sería igual que lamentar la ruina de los imperios persa, babilónico, tebano, menfita y romano. Todas aquellas civilizaciones desaparecieron porque así debió ocurrir en bien del progreso.

Pues bien; hechas estas indicaciones previas, veamos cómo nuestros conquistadores poseían un alto sentido político que se revela en sus actos.

Francisco Pizarro (a quien el citado autor peruano llama «padre de un futuro Perú») fué, pese a su incultura, un hombre de clarividencia extraordinaria. Demuéstrase esto en numerosos actos del inmortal trujillano.

No se proponía, al conquistar el territorio del Tahuantinsuyo (las cuatro primitivas regiones peruanas), limitarse a tomar posesión de aquellos países para someterlos a la explotación y beneficiarse, él y los suyos, de sus riquezas. Propúsose, por el contrario, crear un estado (llamémoslo así) hispanoperuano, y por ello no desdeñó declarar como legítimos a sus hijos Gonzalo y Francisca, habidos en doña Inés Huaylas Yupanqui, hija del Inca Huayne Capac y, por ende, hermana de Huáscar, Atahualpa y Manco II.

Enlazándose con la más alta nobleza indígena, «parece haber sido un secreto pensamiento de Francisco Pizarro —escribe Cúneo— procrear a hijos dignos del sino español y del indiano que en ellos comvergían: pastores natos de pueblos, con que fundar un linaje y aun puede que una dinastía».

Parece robustecer esta hipótesis el hecho de que al concedérsele el título de marqués tuvo el cuidado de que «constase por la heráldica» el linaje incaico de sus hijos «e fizo armar un escudo o blasón» en el que figurasen diversos atributos —tales como el llauto imperial— genuinamente indígenas.

Es lo cierto que, lejos de atropellar los usos políticos del pueblo conquistado, los respetó cuanto le fué posible. Una de las mayores pruebas de su sagacidad la dió al tomar partido en favor de Huáscar, legítimo Inca, y contra Atabaliba o Atahualpa, usurpador de la dignidad imperial y devastador sanguinario de su propia patria. Los habitantes indígenas del Cuzco vieron en Pizarro, más que al extranjero dominador, al ser extraordinario que venía a librarles de la matanza y el fuego, la sangre y el terror, calamidades que la lucha divil había desencadenado en el antiguo Tahuantinsuyo.

Su labor fué, pues, de pacificación. Bajo su gobierno el país prosperó rápidamente y se fundaron veinte o treinta ciudades que han llegado hasta nuestros días. «Los críticos modernos —dice Quintana— han de reconocer que no sólo fué genio militar…, sino también un alto y humanitario civilizador».

Cierto que no faltaron errores en su conducta; pero ya hemos dicho que no hay que confundir a los hombres con ángeles. Indudablemente la ejecución de Atabaliba no es digna de elogio… Mas ¿no era, al fin y al cabo, una triste necesidad política, según el criterio, aún bárbaro, de la época? ¿No era el jefe indígena el destructor de la unidad del imperio? ¿No había asesinado inicuamente a más de quinientos miembros de la familia real cuzqueña, que llevaban su misma sangre? ¿No había hecho matar a su hermano Huáscar, cuyo cadáver arrojó a un río para impedir que fuese sepultado siquiera?

Atahualpa, el usurpador, sembró odios entre cuzqueños y quiteños («odios, dice un escritor sudamericano, que cuatro siglos no han del todo extinguido»), asesinó, violó, incendió. ¿Por qué ese empeño en hacerle parecer una víctima inocente inmolada por la tiranía española?

Y para terminar, por hoy, estas consideraciones históricas, recordemos que de unos pocos centenares de hombres desconocidos han brotado, al correr de los años, unas naciones hispanoamericanas, no simplemente «españolas», en América. Subrayamos esto porque éste es un privilegio único; España no ha destruído los pueblos para reemplazarlos, como se hizo por los pretendidos colonizadores de Australia, de Nueva Zelanda, etcétera, lugares en que las razas indígenas han sido casi exterminadas.

Es curioso el caso de que en un mismo continente, en Norteamérica, la colonización española haya dado lugar en México a la existencia de trece millones de indios y mestizos (en un total de población de dieciséis millones), y en cambio, la colonización inglesa, en lo que hoy es territorio de los Estados Unidos, haya reducido el número de indígenas o aborígenes y mestizos a menos de 100.000, en un total de 100 millones de habitantes.

LUIS HERNÁNDEZ ALFONSO

~ por rennichi59 en Sábado 7 julio 2012.

 
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