Cáceres, la ciudad que venció al tiempo

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso el 9 de julio de 1932 en la revista «Estampa». Texto, titular y  fotografías proceden de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

Como vigilando la llanura circundante, Cáceres, centinela de piedra centenaria, desafía al tiempo y lo derrota desde el cerro de roca brava en que se alza. Diríase que como restos de un legendario ejército, reunidos en apretado grupo, sus palacios esperan la batalla decisiva que no se producirá nunca.

La ciudad nueva, rindiendo vasallaje al heroísmo de las fortalezas ancestrales, se extiende, humilde y amable, al pie de las murallas, y en confiada amistad trepa hasta ellas y en ellas se apoya.

LA PLAZA

Plaza castellana en Extremadura; amplio descanso de la urbe; respeto de hombres modernos a la venerable ancianidad de la Torre del Bujaco, que asienta sobre sillares romanos y está coronada por antiquísima escultura que representa al Genio de la Colonia Norba Cesarina. Antaño esta estatua, menos deseosa de otear horizontes. estuvo al nivel de los hombres, en el atrio del Corregidor, de la misma plaza; mas en el año 1820, el Concejo juzgó irreverente lo poco elevado de su emplazamiento y la irguió sobre la torre, y allí, libre del alcance de pecadoras manos y también, ¡ay!, de curiosos y admiradores ojos, tiene como pedestal el baluarte en que los caballeros de la Espada murieron a manos de los guerreros que seguían a Mohamed-Abu-Jacob. Mejor estuvieran estatua sin pedestal y éste sin aquélla. Junto a los soportales, frente a la torre, pasean al sol sus ocios domingueros mozos y mozas. Sus voces alegres no rompen el augusto encanto de la plaza; le dan vida nueva sin quitarle nada de cuanto de la vieja debe conservarse.

EL ARCO DE LA ESTRELLA Y EL SUEÑO DE UN OBISPO

Allí, desde la plaza, junto a la capilla de la Paz, que parece acogerse al resguardo del cercano baluarte, unas escalerillas conducen al Arco de la Estrella, hueco abierto en la muralla que señala el recinto antiguo de la ciudad.

Hubo en el mismo lugar otra entrada, conocida en el siglo XV por la Puerta Nueva. Ante ella, Isabel I, recién muerto Enrique IV y el rebelde infante don Alonso, juró, como requisito para penetrar en Cáceres, respetar los fueros y privilegios otorgados a la ciudad desde que fué reconquistada (en el año 1229) por don Alonso IX de León. Pasado el tiempo, la Puerta Nueva era insuficiente para el pasdo de vehículos, y se trató de substituirla por otra más amplia. Dícese que entonces el obispo de Coria se opuso al proyecto. ¿Razones de orden religioso? No. ¿Político acaso? Menos. El argumento del prelado fué —según es fama— muy peregrino: el ruido de los carruajes perturbaría su sueño.

Venció la razón, y en 1726 se construyó el Arco de la Estrella bajo la dirección de Manuel de Lara Churriguera y a expensas de don Bernardo de Carvajal Moctezuma, conde de la Quinta de la Enxarada.

SANTA MARÍA, UNOS MINUTOS ANTES…

Frente al Arco de la Estrella, una callejuela obscura se desliza entre dos palacios: el Episcopal, a la izquierda; el de Mayorazgo, a la derecha. Al final, en una plaza, vemos la iglesia de Santa María, recuerdo, en parte, del gótico de la Reconquista.

Sin querer pensamos: «Quizá llegando unos minutos antes hubiéramos presenciado la reunión del Concejo de vecinos, bajo la “finiestra de Sancta María”, en cumplimiento del Fuero». Más ahora vemos que un clérigo del siglo XX, cruzando la plaza, penetra en el templo.

No; dentro, sólo algunas mujerucas cuyo indumento es, en la penumbra, de cualquier siglo. Una reza ante el Cristo muerto en la Cruz, trágica talla del siglo XIV; otra, ante el altar mayor, en el que alza su hermoso conjunto el magnífico retablo obra de los imagineros Ferrán y Balduc, español uno, flamenco el otro, que vivieron en Sevilla a mediados del XVI.

LA CASA DE LOS GOLFINES

Para que no hubiera dudas, los orgullosos constructores de este hermoso palacio que se alza en la plazuela a la que da su nombre, a la derecha de Santa María, hicieron inscribir, bajo su escudo, en la torre central, el rótulo: «Ésta es la Casa de los Golfines». Hartos de atropellar derechos y saquear por doquiera, los Holguin, procedentes de Francia, sentaron sus reales en Cáceres. En su sepulcro hubo una lápida así concebida: «Aquí esperan los Golfines el día del Juicio». Curiosa jactancia…

Pero, al menos, tuvieron el buen gusto de elevar este edificio admirable.

DE LOS HOLGUÍN A LOS ESPADEROS, PASANDO POR LOS BECERRA Y LA COMPAÑÍA DE JESÚS

Es curioso que los palacios cacerenses, no obstante haberse edificado en los siglos XVI y XVII, conserven los rasgos característicos de la arquitectura medieval. He aquí la casa de los Becerra, con su portada sobria de arco de medio punto adovelado, blasones de piedra en la fachada y moldura gótica que encierra el admirable conjunto. En esta casona vivieron ilustres comendadores de las famosas Órdenes Militares.

Junto a ella, una verja cierra el acceso a dos notables edificios, ambos construídos por la Compañía de Jesús. Son la iglesia y convento, éste convertido hoy en Instituto, y aquélla encomendada a una comunidad de religiosos no ignacianos. El templo, dedicado a San Francisco Javier, no tiene interiormente otras cosas mencionables que algunas pinturas, una muy estimable debida a Manhei.

«EL MÁS BELLO RINCÓN CACERENSE»

Así llama Floriano al lugar donde alza su robusta y gallarda mole la hermosa torre de los Plata, resto invencible de una verdadera casa-fortaleza, edificio que evoca las épocas en que Ovandos y Ulloas ensangrentaban con sus luchas las calles de la gloriosa ciudad, defendiendo aquéllos al infante Don Alfonso y éstos a Enrique IV, de infelice recordación. Paraje de recio sabor medieval, silencioso, recoleto, que nos sumerge en melancolía inexpresable.

LAS CASAS DEL SOL, DE LOS PAREDES Y LOS ULLOA

Magnífico ejemplar esta casa de los Solís, en cuya portada se ve el blasón del linaje con el sol a que el edificio debe su nombre. Sillares amarillentos, como dorados por el anochecer estival; torre cuadrada con matacán, que nos habla a un tiempo del brío guerrero y el buen gusto artístico. Otras casas de larga y complicada historia, que fueron de los Ulloa y los Paredes Saavedra, se levantan en la interesante calle Ancha, con sus escudos reveladores de pretérita grandeza.

Plaza de San Mateo: otro bellísimo rincón que nos traslada a siglos atrás. Plaza desierta, empedrada y silenciosa. Allí hay un templo de piedra, edificado según algunos autores sobre la antigua mezquita, y que de creer a la tradición, no es sino la misma mezquita reformada.

EL SOLAR DEL ALCÁZAR

Aquí está la torre de la iglesia de San Mateo, un piso más alta que el resto del edificio; tiene un hueco en cada fachada para campana, y otros (cuatro en la principal), arbitraria y disimétricamente dispuestos. Junto a uno de ellos, a la altura de la techumbre del templo, y hacia el ángulo externo, el blanco reloj.

A la derecha de la fachada, bajo una ventana amplia de medio punto, está la portada, bellísima obra plateresca de Guillén Ferrán, con arco rebajado, dividida en casetones su archivolta y coronada con dos figuras de niño como acróteras.

En la misma plazuela, a la derecha de San Mateo, está la capilla y el convento de San Pablo, con su modesta espadaña que sustenta dos campanas no menos modestas sobre una portada secular, sencilla y elegante, en arco ligeramente apuntado. Allí viven en plena miseria unas monjitas que apenas saben que hay mundo fuera de los sillares que las encierran…

Siguiendo el paso que separa esta capilla humilde del templo recio y altivo, se sale a la plaza de las Veletas donde, frente al muro de San Mateo, hay un extenso edificio que da nombre al lugar: la casa de las Veletas. Ninguna queda ya de cuantas tuvo en los tiempos de su grandeza. Hoy es un caserón, bello siempre, y que revela con claridad la fecha de su construcción (siglo XVIII).

Del antiguo Alcázar sólo queda el aljibe. Este aljibe, que acaso data del siglo X, ofrece fantástico aspecto al resplandor de unas teas, reflejado en el agua allí acumulada por las lluvias. Preténdese que fué construído por El-Gami, rey de Cáceres, al que se atribuye también cuanto de árabe hay en la ciudad, y cuya existencia han puesto en duda los historiadores. Mélida apunta la posibilidad de que fuera Zeht, rey de Coria (que vivió en la segunda mitad del siglo IX, época en que Cáceres era musulmana), el que ordenó su edificación.

LA INDISPENSABLE LEYENDA

Y ¿cómo no? El Alcázar tiene su leyenda, que no deja muy bien parada la caballerosidad de su héroe, por cierto. La historia es vulgar: unos emisarios cristianos parlamentan con el caíd moro de la fortaleza. Durante la entrevista, el jefe de la delegación ve a la hija del caíd, y la hija queda prendada de la gallarda apostura de él… Furtivas relaciones en un subterráneo, del que la doncella posee las llaves. Éstas, finalmente, van a poder del caballero (?), quien las utiliza para introducir en el Alcázar a sus soldados y adueñarse de la población.

Como se ve no es siquiera caballeresca la leyenda cacerense. Amores fingidos y traición, en suma…

MÁS DEL SOLAR DEL ALCÁZAR

San Mateo, la casa de las Veletas y otros edificios contiguos, ocupan el solar de la mansión fortificada árabe. En él está la llamada torre de las Cigüeñas, perteneciente a la morada que fué del capitán don Diego de Cáceres. Es una elevada torre medieval que se libró —por excepción expresa— de la destrucción de análogas construcciones ordenada por los Reyes Católicos en su carta de 12 de mayo de 1496, motivada por las luchas sangrientas habidas entre los nobles de la villa. La fidelidad inquebrantable del capitán la hace disfrutar de este privilegio…, que le permitió ejercer autoridad sobre los demás señores.

CÁCERES

Ahí quedan palacios, fortalezas, torres, arcos y murallas. Ciudad admirable, santuario de la Historia patria; con emoción y melancolía te saluda quien vivió en ti horas gratísimas de evocación y de respeto a tus piedras milenarias.

Ciudad que muestras tus tesoros al curioso visitante con el hidalgo gesto de su hospitalidad: vencerás por ti misma en la lucha contra el tiempo y contra la barbarie humana.

Luis HERNÁNDEZ ALFONSO

(Fotos Javier y Martín).

~ por rennichi59 en Sábado 14 julio 2012.

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