Roma vieja y Roma nueva. La resurrección de las piedras milenarias

Artículo publicado por Luis Hernández Alfonso en el n.º 8 de la revista «Oasis», correspondiente a junio de 1935. Texto, titular y  fotografías proceden de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

Durante muchos siglos han luchado las dos Romas: la de los Césares, con sus monumentos admirables, prodigios de estética, y la de los habitantes de cada época, forzados a cegar las maravillas arquitectónicas del pasado con sus viviendas prosaicas, sus callejuelas sórdidas, hijas de las necesidades de una vida urbana que no podía detenerse.

Así, paulatinamente, habíase realizado la triste destrucción de las más bellas perspectivas que vieran los hombres. Los foros, las amplias «vías», las basílicas, los mercados, los templos… desaparecían, demolidos para suministrar materiales, o escondidos entre casas de vecindad de nada noble traza. Aquí y allá, columnas desafiadoras del tiempo, muros de imponente resistencia, arcos de suprema y majestuosa elegancia… testimoniaban que hubo una ciudad magnífica, señora y capital del orbe, en las suaves y lindas colinas romanas.

Ahora las piedras milenarias recobran su prestigio y reconquistan el esplendor que les fué arrebatado por las centurias y por los hombres. Los zaquizamíes, las buhardas, las viejas casas colmenas, han caído bajo la piqueta demoledora; y han vuelto a plena luz el Transitorio o foro de Nerva, el templo de Minerva, el foro de Augusto con el templo de Marte, los mercados de Trajano, el foro de César, el templo de Venus Génitrix, la Basílica Argentaria y tantos otros monumentos antes privados de perspectiva, aprisionados por construcciones mezquinas, perdidas en las encrucijadas sin personalidad, sin belleza y sin historia.

Tres grandes calles ocupan ahora el espacio en que antes se amontonaban los pequeños edificios de vecindad elevados en los siglos XVIII y XIX. Son esas vías la del Mar, la del Imperio y la de los Triunfos. La primera, que flanquea la vertiente del Capitolio, pasa junto a la célebre roca Tarpeya y nos descubre el admirable Teatro de Marcelo, soberbio edificio sobre el que los Orsini construyeron su palacio; nos conduce a los Fori Olitori (mercados de legumbres) y a un gran espacio con muros y columnas de la época de Trajano. De este modo la colina del Capitolio queda aislada y recobra su majestuoso aspecto de otras épocas.

La Via dell’Impero nos lleva al Foro de César, lugar de eterna evocación; a las ruinas del templo de Venus Génitrix; al grupo que forman la Basílica Argentaria, la Ínsula Argemtaria y el Clivus Argentario; al venerable Foro Romano; a la Basílica de Constantino, y, pasando bajo el arco del mismo nombre, nos deja en la tercera de las nuevas calles, la Via dei Trionfi, a cuyo final hallamos un monumento universalmente conocido y que ocupa un lugar preeminente en la Historia: el Circo Máximo o Colosseum, en el que «ciento cincuenta mil espectadores aclamaban al auriga vencedor» y contemplaban cómo la arena se enrojecía con la sangre de gladiadores y de mártires.

La obra de reconstitución tropieza con grandes obstáculos, ya que sobre las ruinas de los monumentos más antiguos existen construcciones que no por datar de menos lejana fecha carecen de enorme valor artístico e histórico. Mientras sólo se ha tratado de casas míseras y vulgares no ha habido problema. Pero, por ejemplo, el conflicto ha adquirido gravedad en casos como el de los mercados de Trajano o el del Circo de Marcelo.

Sobre el hemiciclo oriental del Foro de Augusto, junto a los mercados, se alza la «Loggia dei Cavalieri di Rodi», graciosa construcción de extraordinario valor estético, edificada hacia el año 1230 y restaurada en 1470. Los méritos arquitectónicos de esta mansión medieval han impuesto la necesidad de su conservación, aunque con ello se interrumpa la serie de monumentos imperiales que comienza en el Foro de Vespasiano y termina en el Campo Marzio, constituyendo el escenario de los más salientes acontecimientos de Roma.

El Teatro Marcello, construido por orden del ahijado de Augusto, muerto en plena juventud, fué indudablemente un edificio admirable. Lo que de él subsiste nos permite formar idea de sus armoniosas proporciones, de su elegancia y de su solidez. Hoy, desembarazado de las casas que impedían su contemplación, vemos este edificio coronado por una construcción mucho más moderna, pero que también posee valor histórico y artístico indudables: el palacio de los Orsini. Los actuales reconstructores de Roma se han hallado ante el dilema de conservar sólo los dos pisos del primitivo teatro, destruyendo para ello una obra interesantísima de los comienzos del siglo XVI, o, respetando ésta, dejar esa masa híbrida, mezcla de dos arquitecturas absolutamente distintas. Han optado por esto, que era, sin duda, lo más razonable. Después de todo, esa superposición de ambos monumentos tiene el valor inconfundible de un símbolo. Con maestría que es forzoso reconocerles, los restauradores han abierto los huecos cegados al exterior, devolviendo así su aspecto majestuoso a las dos galerías, toscana la del primer plano y jónica la de la segunda planta.

Al mismo tiempo que, merced a devoluciones múltiples, se han aislado construcciones tan valiosas como los templos de Vesta y de la Fortuna Viril (en la Plaza de la Bocca della Verità) se sacan a la luz estancias soterradas como las del Colle Oppio (casa de Nerón), en las proximidades del Circo Máximo. En el Foro Augusto han salido a luz hermosas columnas de mármol, y los nichos en que estuvieron las estatuas de los grandes capitanes de la Roma republicana. Los mercados de Trajano van también descubriendo sus majestuosas proporciones, su amplitud y su austera grandeza. Antiguas ventanas, hasta ahora cegadas, dan de nuevo luz a las aulas donde, en otros tiempos, bullían los mercaderes. Allí están los locales de los Arcarii o tesoreros imperiales; allí las ciento cincuenta «tabernae» del hemiciclo, ya al descubierto; allí, en fin, la «Via Biberatica» y las cinco entradas hasta hoy conocidas. La magna obra concebida por Apolodoro, el gran arquitecto del glorioso Trajano, ha recobrado, tras de muchos siglos de olvido, su imponente aspecto.

Precisamente en esos lugares, en un valle pantanoso que se extendía entre los montes Palatino y Capitolio, por un lado, y Esquilino y Quirinal, por el otro, fundó Rómulo una aldea que había de convertirse en la Ciudad Eterna y asombrar al mundo por su cultura y por su fuerza militar. Lentamente, aquel rincón fué poblándose, embelleciéndose, y en él se desarrollaron sucesos que repercutieron en la marcha del orbe conocido. Roma era cabeza y corazón de un inmenso imperio que se extendía desde el Atlántico hasta el Indus, desde las costas del Báltico hasta los desiertos de Lybia y Sahara.

Aquellas colinas vieron la entrada triunfal de Marcelo, de Escipión, de Paulo Emilio, de Pompeyo, de César; contemplaron el asesinato de Tiberio Graco, del propio César, de Sejano, de Calígula, de Galba, de Vitelio, de Domiciano, de Cómmodo, de Pertinax, de Máximo Pupiano, de Claudio Balbino y tantos otros emperadores y magnates que un día eran glorificados para caer al siguiente bajo los puñales homicidas; se empaparon con sangre de los mártires, se estremecieron al clamor del pueblo ébrio de alegría o loco de terror, escucharon la voz de Cicerón y las canciones báquicas de los pretorianos enorgullecidos…

En aquel paraje, entre los monumentos que ahora parecen resucitar, surgiendo de la tierra y los escombros que los sepultaran, se decidieron durante muchas centurias los destinos de diversos pueblos.

Arcos, basílicas, frisos, templos, columnas, restos mutilados de grandes construcciones: he aquí lo que queda de aquel formidable imperio, dominador del mundo, civilizador —al mismo tiempo que tirano— de los más apartados rincones de su inmenso territorio conquistado por sus legiones y regido por sus leyes.

[LUIS HERNÁNDEZ ALFONSO]

~ por rennichi59 en Lunes 30 julio 2012.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: