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Uno: El pueblo no está preparado.

A diario empalaga nuestro oído con zumbar de moscardón. Danza torpemente en los cerebros turbios de algunas gentes tan pronto les hablan de República en España, de progreso social. «Es inútil: el pueblo no está preparado». Se repite con la vacua seguridad de todas las frases que no se piensan. No son solamente los reaccionarios. A éstos les perdonaríamos tal afirmación que a fuer de interesada es menos estúpida. A quienes es difícil tolerársela es a los liberales, a los republicanos, a los socialistas.

¿Que el pueblo no está preparado? Veamos, primero, qué preparación se exige a la masa popular. ¿Pídesele acaso una ilustración técnica excelente? No será esto; porque un pueblo de hombres entendidos en su oficio puede ser un pueblo de malos ciudadanos. ¿Postúlase una población de refinados literatos humanistas y artistas extrasensibles? Volvamos los ojos en torno; ahí tenéis —no hace falta citarlos— los exquisitos literatoides y geonutrizantes del arte superrealista qué triste ejemplo están dando de virtudes políticas y de las otras virtudes también.

Lo que hace falta, en todo caso, es educación política. Hay que incrustar en el cerebro de las gentes el sentido político. El sentido político no es cosa libresca ni se obtiene con receta de boticario. Podíais hacer desfilar a todos los españoles por la Universidad y acaso saldrían con el mismo atraso político y un grado más de tontez. Sentir la política es como sentir cariño, sentir simpatía o sentir la música. Estos sentimientos son susceptibles de cultivo, pero ha de ser con cultivo muy especial.

¿Qué es el sentido político? Algo instintivo, el ligamento, el tejido conjuntivo intercelular de la sociedad. La sociedad es un organismo biológico para Spencer, étcio-biológico para Krause. Se compone de células y esas células necesitan una materia que las trabe y relacione para que no se disgreguen: ese es el sentimiento político. Sin él los pueblos no son pueblos, sino un agregado borreguil a merced de cualquier aventurero.

La Francia del siglo XVIII no era más culta ni estaba mejor preparada que la España de hoy. Y sin embargo hizo la Revolución magna. Rusia era un pueblo de analfabetos y llevó a cabo una gran Revolución económica. Alemania en el siglo XVI no podía tener nuestra cultura de hoy y pese a ello realizó una Revolución religiosa.

¿Qué tenía Francia, qué tenía Rusia, qué tenía Alemania? Sentido político, sentido político-económico, sentido político-religioso.

Tenían algo más: una minoría activa, inteligente, con fe, con una decisión formidable. Una minoría que no dijo nunca:

«El pueblo no está preparado».

Pero además hay otra razón. Decís que el pueblo no está preparado. Pero ¿qué se necesita para preparar a un pueblo? Instruirlo. ¿Qué se precisa para instruirlo? Tener el poder; sin libertad de pensamiento y de acción no hay posibilidad de hacer labor. Conclusión: esté o no esté preparado es necesario el poder. Si está preparado, para encauzarlo; si no lo está, para hacer efectiva esa preparación.

Para afirmar un régimen, para crear sentido político, basta una minoría; pero no una minoría divorciada del pueblo; sino unida a él, formando parte de su cuerpo, siendo como su más delicada floración, siendo el cerebro del pueblo.

Álvaro Fernández Suárez

En el próximo número hablaremos de otro tópico: Prefiero una monarquía como la inglesa a una república como tal o cual. 

«El Presidencialista», n.º 8 (agosto de 1928)

~ por rennichi59 en Sábado 17 agosto 2013.

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