La verdad en marcha (I)

ISTA_8_La verdad en marcha

Entre los muchos acaecimientos que, a diario dan tema al comentario periodístico es la muerte alevosa del general Obregón, uno de los que por la cantidad y la calidad de las controversias suscitadas más merecen la glosa.

Ciertamente que no es la nuestra la más autorizada, pero juzgamos interesante recoger y apostillar dos artículos recientemente publicados y que, por el acierto que en ambos preside, tienen indudable interés para nosotros. Son los publicados en «La Voz» el uno, con el título La muerte de Obregón y la firma de «Andrenio» y en estas columnas el otro, titulado El fantasma del caudillaje, suscrito por nuestro amigo y correligionario M[anuel] F[eijóo] Torres.

Y los calificamos de interesantes porque aparte de otros indudables méritos tienen una gran claridad y sinceridad que aún brilla más en el de tan conocido parlamentarista como es el Sr. Gómez de Baquero al proclamar y reconocer explícitamente la sinceridad de un fuerte poder que contenga las intentonas del caudillaje y sepa infundir a las fuerzas que las provocan y mantienen un sentido tan eminentemente democrático como el que en el régimen presidencialista palpita.

No podemos por menos de felicitarnos de que, los que, por sistema involucran el Parlamento con los procedimientos que lo desvirtúan y falsifican oigan de voz tan autorizada que el sistema presidencial entraña «principios democráticos» y de que dejando de confundirse lamentablemente las cosas se diese a cada uno lo suyo.

Y en cuanto a ti, querido Torres, mi sincerísima enhorabuena por tu trabajo, unida a una ligera observación. El caudillaje no es sólo un defecto más de las Repúblicas parlamentarias (ya que no queramos, como bien dices, hablar de las Monarquías), sino su inconveniente principal disfrazado en ellas con el nombre de caciquismo que, como todos sabemos, es raíz y eje del sistema parlamentarista y del que sólo puede salvar a las naciones una enérgica acción de gobierno con las garantías democráticas que el presidencialismo ofrece.

Dijérase, en efecto, que, como tú mismo apuntas, hay una falange de tristencos miopes que se dedican a dar palos de ciego a diestro y siniestro aprovechando para sus malintencionadas o ignorantes críticas el desconocimiento en que la mayoría de nuestros conciudadanos se halla de la ciencia política.

Pero yo te fío, mi excelente camarada, que no han de valerles sus mañas, porque la verdad alardea con la Justicia, se abre siempre camino pese a todos los destructores de ideales.

Jerónimo Martínez Doggio

«El Presidencialista», n.º 8 (agosto de 1928)

~ por rennichi59 en Viernes 30 agosto 2013.

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