Las iglesias evangélicas de Madrid. Cómo se adora a Dios en ellas

Reportaje publicado por Luis Hernández Alfonso el 20 de junio de 1929 en la Sección «Una información todas las noches» del diario «Heraldo de Madrid». Texto, titulares e ilustraciones proceden de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

Amigo lector: Si nunca has penetrado en una iglesia evangélica de las varias que existen en la villa y corte, indudablemente quedarías sorprendido si lo hicieras. La característica de tales templos es la sencillez: ninguna imagen, ningún boato. Sólo inscripciones, pintadas claramente en los muros, reproducen palabras de los Evangelios.

Nada allí distrae los sentidos: ni colorines en las vidrieras, ni tallas polícromas, ni retablos áureos… A lo sumo una cruz en el presbiterio o sobre la entrada. No hay cirios que enrarezcan la atmósfera con su humeante llama.

No hay tampoco esa semioscuridad que caracteriza a los antiguos templos españoles. Luz por doquiera, como si con ello quisiera darse a entender que la claridad es el norte de quienes en tales lugares oran.

Forzosamente, el que allí penetra ha de «pensar». A ello le invitan las inscripciones y el ambiente, sin que haya nada que, empapando sus sentidos, entorpezca el proceso mental.

Huyendo de la funesta tendencia que hace idólatras frecuentemente a muchos que se creen cristianos, los evangélicos españoles no tienen ni aun la imagen de Cristo en sus iglesias. Saben muy bien que si la tuvieran no faltarían devotos que en su ingenua ignorancia creyesen que «había un Cristo más, el de los protestantes».

Estos templos son, en general, modestos, humildes y sin pretensiones; ignoramos lo que serán las iglesias evangélicas de otros países; pero las que hemos visitado en Madrid son, en su modestia, monumentos de sobriedad y sencillez. Y lógicamente las palabras del Evangelio, escritas en sus muros, no son un detalle más, un motivo ornamental, sino «el todo», el alma del templo, su «razón de ser».

De esperar es que en un plazo no lejano vuelva a establecerse en nuestra patria el laicismo implantado por la Constitución de 1869 y suprimido (con grave daño para la justicia) en la de 1876. Con ello saldrían beneficiadas todas las creencias, y muy principalmente el catolicismo, ya que dejaría de ser una religión «impuesta», casi «obligatoria», y desaparecerían con ello circunstancias que perjudican no poco su prestigio. El Estado debe ser «laico»; quédense las creencias religiosas (todas y por igual dignas de respeto) para el fuero interno y la conciencia de cada ciudadano: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

PROPÓSITO

Deseamos únicamente dar algunas noticias acerca de las iglesias evangélicas de Madrid. No se trata, por lo tanto, de exponer la labor de los protestantes, para lo cual necesitaríamos conocerla a fondo, sino de divulgar algo que muchos de nuestros lectores no habrán tenido ocasión de conocer.

Nos limitaremos, hemos dicho, a describir someramente las iglesias evangélicas «españolas» principales de Madrid (del Redentor, del Salvador, de Jesús, Bautista y de Chamberí), omitiendo otras que, por ser casi exclusivamente frecuentadas por extranjeros, no entra en nuestro propósito incluirlas en esta información (anglicana, de la colonia inglesa; luterana, de la de Alemania, etc.).

LOS COMIENZOS

Como es sabido, el movimiento protestante fue iniciado en España, en la edad contemporánea, por unos cuantos hombres decididos, entre los cuales ocupa lugar preferente Francisco de Paula Ruet (nacido en Barcelona el 28 de octubre de 1826 y muerto en Madrid el 18 de noviembre de 1878). Ruet, que había sido cantante en Italia, comenzó su labor en nuestro país a raíz de la revolución de 1855. Perseguido insistentemente fue condenado a la hoguera, conmutándosele la pena por la de destierro a perpetuidad en 1856. Triunfante la revolución del 68, volvió a España, a favor de la libertad de cultos declarada en la Constitución de 1869.

Entonces reanudó su propaganda, auxiliado muy eficazmente por Orejón y Carrasco. Comenzaron a abrirse capillas, algunas de las cuales han llegado a nuestros días. Relatar las vicisitudes de aquellos hombres animosos sería prolijo y fuera de lugar, y si a ello hemos aludido ha sido únicamente como antecedente imprescindible.

Deseamos hacer constar que el orden en que nos ocupamos de las distintas iglesias no indica en modo alguno preferencia por cualquiera de ellas, ni mucho menos que las consideremos de mayor o menor interés. Comenzaremos por la

La iglesia de Jesús cuando predicaba en ella D. Francisco de Paula Ruet en el último tercio del siglo XIX (De un grabado de la época)

IGLESIA DE JESÚS

Situada en la castiza calle de Calatrava, en el corazón del Madrid antiguo, apenas si se distingue desde la vía pública: tan escondida se halla en el fondo de un amplio solar, convertido, merced al amoroso cuidado de sus propietarios, en un jardín umbroso y risueño.

En la parte superior de la pequeña portada de madera (color «siena tostado») se alza una modesta cruz de hierro sobre la vidriera, en la que Jesús sonríe.

El interior del templo es alegre, como el jardín que le sirve de entrada. Carece de ventanas y la luz penetra a torrentes por la montera de cristales que sirve de techo a la parte central de la sala. Según parece, cuando se solicitó permiso para establecer esta capilla, el Gobierno lo concedió «a condición de que no tuviese ventanas», requisito que pudo satisfacerse merced al ingenioso arbitrio indicado. Tampoco había de abrir su puerta directamente a la calle, y por ello se instaló tras de una casa vetusta que por su estado ruinoso fue derribada y que se alzó anteriormente en el solar hoy convertido en jardín.

Al fondo, una mesa, y junto a ella, un púlpito de madera, en cuya barandilla se abre eternamente un grueso volumen: la Biblia. En el testero, sobre la mesa y frente a la puerta, se lee esta inscripción: «Al nombre de Jesús se doble toda rodilla».

La historia de esta iglesia es muy interesante. Estuvo dedicado el local a salón de baile, y aún lo era cuando D. Francisco de Paula Ruet lo alquiló para celebrar en él los cultos.

No estimando conveniente que en el mismo sitio donde el sábado, por la noche, se desarrollaban escenas pocos edificantes se divulgase el Evangelio el domingo, encamináronse los esfuerzos de aquel gran orador y los de sus correligionarios a adquirir la propiedad del inmueble, cosa que lograron, cesando desde entonces aquella extraña situación.

Ruet puso todo su afán en la propaganda de sus ideas, y a ello se dedicó en esta iglesia desde que fue inaugurada (8 de enero de 1871) hasta que aquél bajó al sepulcro.

Después, y durante doce años, fue pastor del templo D. Luis de Vargas.

Actualmente rige la iglesia D. Juan Fliedner, nacido en Madrid el mismo año en que ocurrió la muerte de Ruet; y a fe que difícilmente podría hallarse hombre más sincero, simpático e inteligente. Con amabilidad que supera a todo encomio, el señor Fliedner nos ha ilustrado acerca de la humilde pero constante y tenacísima labor desarrollada en aquella iglesia que, situada entre la suntuosa de San Francisco el Grande y la popularísima de la Paloma, cree cumplir una elevada misión en la casticísima barriada. Todos los años por Semana Santa la capilla se ve concurridísima.

Se celebran cultos los domingos, por la mañana, y los jueves y domingos, a las ocho de la noche.

Los fieles de la iglesia de Jesús tienen establecidos dos grupos de escuelas: uno denominado de la Esperanza, sito en el mismo edificio que el templo, y otro bajo el nombre de Colegio de la Luz, en un antiguo pero alegre caserón de la calle del Áncora. Asisten a tales clases, perfectamente organizadas, centenares de niños y niñas, cuyo estado de instrucción es verdaderamente notable.

Merecen por ello ferviente aplauso los profesores doña Marcelina Oñézcar, doña Generosa Rodríguez, doña Pepita Pérez, D. Tomás Lindenmayer, D. Ernesto Bolle, don Daniel Pool, D. José Moreno, don Federico Vega y D. Teodoro Rodríguez, del Colegio de la Esperanza, y doña Dolores Ortega, doña Blanca Sahagún, doña Carolina Salcher, D. Manuel Aranda y D. Antonio Rodríguez, del de la Luz.

Debemos advertir a este respecto que a las escuelas mencionadas acuden no sólo alumnos pertenecientes a las familias evangélicas, sino otros muchos que hallan allí remedio para su ignorancia.

Como obedeciendo a un conjuro mágico, en aquella barriada (nos referimos a la de las Delicias), donde hace unos años no existían otros colegios, ha brotado como saludable semilla pedagógica una serie de centros de enseñanza primaria. He aquí cómo, directa e indirectamente, las escuelas evangélicas del distrito de la Latina (y suponemos que pasará igual en otros) han servido notablemente para la propagación de la cultura. Felicitémonos de ello y saludemos cordialmente a los autores del «milagro».

Interior de la iglesia del Redentor, situada en la calle de la Beneficencia

IGLESIA DEL REDENTOR

Situada en la calle de la Beneficencia, es un magnífico edificio, sobrio y elegante, de estilo gótico.

Según nos informa, con gran amabilidad, el pastor D. Fernando Cabrera, este templo, que pertenece a la Iglesia Española Reformada, fue establecido por Ruet, Carrasco y Orejón, en un caserón que ostentaba el número 2 de la plaza de Santa Catalina de los Donados, lugar en que hoy se alza el Real Cinema. El local era capaz para cerca de cuatrocientas personas. Los cultos se inauguraron (también a favor de la libertad conseguida con la «gloriosa») el día 24 de enero de 1869.

Como era muy numeroso el público que acudía a los actos que allí se celebraban, el mencionado don Antonio Carrasco (uno de los oradores que hicieron uso de la palabra en el célebre comicio abolicionista reunido en el teatro Real, y en el que habló también D. Emilio Castelar) hizo gestiones para buscar mejor acomodo. Después de vencer algunas dificultades pudo instalarse la iglesia en la calle de la Madera, donde se inauguraron los cultos el día 21 de marzo de 1869. La casa a que nos referimos se alzaba donde hoy tiene sus oficinas y talleres «La Libertad» y donde con anterioridad los tuvo «El País».

En 1891 se concluyó el edificio de la calle de la Beneficencia, y a él pasó la congregación a la que pertenece, siendo pastor el célebre don Juan Bautista Cabrera, obispo protestante español.

La apertura del templo actual tuvo gran resonancia, porque los elementos clericales lograron del Gobierno, presidido por Sagasta, que fuese suspendida la solemnidad, que pudo verificarse en diciembre de 1891. Durante unas semanas fue este asunto el tema obligado en las Cámaras, en la Prensa y en los cafés. Los ultramontanos llevaron su apasionamiento hasta calificar el intento de «atentado contra la Constitución».

Desde 1903 ejerce el pastorado de la iglesia del Redentor D. Fernando Cabrera, hijo del obispo antes mencionado (fallecido en mayo de 1916).

La Iglesia Española Reformada es de régimen episcopal. Todos sus ministros son españoles. Su liturgia está tomada en gran parte del rito mozárabe que todavía se conserva en la capilla de los Reyes de la catedral de Toledo.

Se celebran cultos, a parte de las fiestas de la Iglesia cristiana, los domingos y los miércoles, y a ellos asiste numeroso público, formado tanto por evangélicos que declaran su fe como por otras personas que, por determinadas circunstancias, no se atreven a declararla.

Tiene también esta iglesia sus colegios, establecidos en un edificio anexo a la capilla; pero la congregación no pone mayor empeño en aumentarlos porque opina (con harta razón, a nuestro juicio) que la enseñanza es función del Estado, si bien cree que éste no debe imponer confesión alguna determinada.

En líneas generales puede decirse que esta rama del protestantismo es la que en sus ceremonias tiene más semejanza con el catolicismo; sus pastores visten túnica blanca en los cultos, a modo de alba, y usan estola.

Su jerarquía consta, como la católica, de los grados de diácono, subdiácono y presbítero. Nombran obispo en sínodo, reuniéndose éste ordinariamente cada cuatro años.

Interior de la iglesia del Salvador, sita en la calle del Noviciado

IGLESIA DEL SALVADOR

No es ciertamente mucho lo que acerca de este templo evangélico podemos decir, dada la reserva en que se encierra su pastor, el venerable D. Enrique Lindegaard, reserva que nosotros, naturalmente, respetamos.

Se halla situada la iglesia en la calle del Noviciado, junto al pabellón Valdecilla de la Universidad Central. Es de ladrillo rojo y su aspecto exterior responde al mejor gusto.

Pertenece esta capilla a la Iglesia Evangélica Española. Fue instalada en el año 1870 en la plazuela del Limón, donde hoy existe una fábrica de cervezas. Allí predicó el infatigable Ruet, mientras Carrasco, recién ordenado pastor, continuaba haciéndolo en la capilla de la calle de la Madera.

Posteriormente se trasladó a la calle de Leganitos, viniendo a quedar definitivamente alojada, en 1914, en el edificio que en la actualidad ocupa, siendo por aquel entonces pastor D. Cipriano de Tornos, elocuente orador de grata memoria.

Desde 1919 ocupa el cargo D. Enrique Lindegaard.

El interior del tempo es una prueba más de la sencillez dominante en las capillas evangélicas de Madrid. Frente a la entrada, una mesa, sobre la cual se lee en el muro la siguiente inscripción: «Predicad el Evangelio a toda criatura». A la izquierda, adosado al muro, hay un órgano, que en los oficios inunda con su armonía el alegre local. Se celebran cultos los domingos y los jueves, sin que se ajusten a una liturgia determinada, sino que consisten en lecturas de textos bíblicos, coros y predicaciones.

Los fieles de esta iglesia sostienen colegios muy concurridos y cuya organización merece grandes elogios de todos cuantos han tenido ocasión de conocerla y admirarla.

IGLESIA EVANGÉLICA DE CHAMBERÍ

Se halla situada en la hermosa calle de Trafalgar número 34, entre la plaza de Olavide y la calle, amplia y soleada, de Eloy Gonzalo, es decir, en pleno barrio chamberilero.

Tras de una modesta verja distínguense tres pabellones: el del centro, en cuya cancela se lee: «Iglesia Evangélica», y los laterales, más elevados, y en los que sendos letreros rezan: «Colegios Evangélicos». Es curiosa la circunstancia de que cada capilla protestante de Madrid esté dotada de sus correspondientes colegios. El interior del templo es humildísimo. No se ve en él ni el hermoso presbiterio de la iglesia del Redentor, ni el púlpito de la de Jesús, ni el órgano de la del Salvador. Las paredes, pintadas en color terroso, ostentan inscripciones bíblicas. Frente a la entrada, un estrado, y encima de él, en el testero, estas palabras escritas en grandes caracteres: «Nosotros predicamos a Cristo crucificado».

En un ángulo se ve un pequeño armónium, con el cual se acompañan los coros de fieles a que tan aficionados son los evangélicos.

Delante del estrado, entre éste y las primeras filas de bancos, está el baptisterio a modo de cisterna, a cuyo fondo se desciende por unos escalones, y que ordinariamente se halla cubierto con una trampilla de madera.

Todo allí es modestísimo; sólo hay derroche de luz que penetra a raudales por las numerosas ventanas. Diríase, al contemplarlo, que todo el esfuerzos de los protestantes se ha encaminado a inundar de claridad sus templos, como pretenden hacer con las almas. He aquí un símbolo muy digno de tenerse en cuenta. Esta capilla estuvo situada anteriormente en la glorieta de Quevedo, esquina a la calle de Arapiles, donde después de alzó el estudio de Benlliure.

Fue creada por los señores Fenn en 1869, si bien no adquirió carácter fijo hasta 1871, desempeñando entonces su pastorado el señor Faithfull, junto con el Sr. Fenn. Ocurrida la muerte de éste continuó aquél hasta 1905. Durante dos años rigieron la iglesia diversos pastores, y en 1907 comenzó su pastorado D. Tomás Rhodes, que continúa actualmente en el cargo.

No tiene liturgia determinada, consistiendo los cultos en lecturas de la Biblia, cánticos y predicación. Sin embargo existen dos actos rituales: el bautismo de adultos por inmersión (siempre de personas adultas) y la comunión, que se verifica todos los domingos.

Se celebran cultos los domingos, martes y jueves.

Además de los colegios situados junto a la capilla (dotados de un hermoso patio-jardín y dirigidos competentemente por el profesor don Francisco Cortadellas) sostiene esta congregación otro grupo situado en el barrio de Pozas, bajo la dirección de doña Rosa Palomino. El total de alumnos se eleva aproximadamente a 250.

CAPILLA EVANGÉLICA BAUTISTA

Se halla instalada en un reducido local de la casa número 13 de la calle de Lavapiés. Su interior está pintado en color ocre, y hay en sus muros carteles que contienen las acostumbradas inscripciones. Al fondo, una mesa, como en las demás capillas evangélicas.

La misión bautista ha abierto una suscripción, con cuyo producto espera adquirir dentro de dos años un alojamiento más adecuado que el que hoy ocupa (y que, según nuestras noticias, fue anteriormente una farmacia).

Estuvo instalada esta capilla en la calle de Zurita y en la de Valencia, número 1, desde donde se trasladó a la de Lavapiés.

A raíz del movimiento de evangelización iniciado por Ruet y Carrasco ocupáronse de la misión bautista dos suecos: Wigmann y Sugren.

El actual pastor, D. Julio Nogal, desempeña el cargo desde el año de 1921. Su labor se extiende también al Puente de Vallecas y a la Prosperidad, donde existen capillas análogas.

Los cultos consisten en lecturas, predicación e himnos, y los ritos son el bautismo de adultos, por inmersión, y la comunión. Ésta se realiza el primer domingo de cada mes.

Hay cultos los miércoles, viernes y domingos.

Interior de la iglesia de Jesús, situada en el número 27 de la calle de Calatrava, en el corazón del castizo barrio de la Paloma

RUEGO FINAL

Ignoramos si al reunir en estas páginas los datos que anteceden nos habremos hecho culpables de algún error u omisión, cosa que de todas veras lamentaríamos.

Alejados de toda religión positiva, nos hemos limitado a trasladar al papel lo que vimos y oímos. Sepan todos que si hubiésemos dejado de consignar algo o si hay inexactitudes en nuestra información no se deberá en modo alguno a nuestra voluntad, la cual es siempre servir lo mejor posible a nuestros lectores ofreciéndoles la verdad tal como la hallamos.

Y reciban la expresión de nuestro reconocimiento cuantos han contribuido con sus amables noticias a nuestra modestísima labor.

Luis Hernández Alfonso

~ por rennichi59 en Martes 14 diciembre 2010.

6 comentarios to “Las iglesias evangélicas de Madrid. Cómo se adora a Dios en ellas”

  1. Hola Pablo

    Acabo de escribir una reseña sobre la iglesia evangélica de la calle Trafalgar para la que me han resultado imprescindibles las notas de tu abuelo del año 29. La cosa es que aprovechando materiales que tenía en mi blog he lanzado otro blog dedicado en exclusiva a la Plaza de Olavide.
    http://laplazadeolavide.blogspot.com/2011/03/la-primera-iglesia-evangelica-de-la.html
    Un fuerte saludo y perdón por el “atraco”

    Ángel Alda

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  2. Querido Ángel: Lejos de ser un «atraco», tan interesante utilización de este material contenido en el reportaje firmado por mi abuelo lo avalora más. Quedo muy agradecido por ello, y en cuanto pueda visitaré detenidamente tu nueva bitácora dedicada a ese entorno también tan familiar para mí, pues en él o en sus inmediaciones nacieron, vivieron y murieron tres generaciones de mi familia materna.
    Gracias de nuevo y un fuerte abrazo.

    Pablo Herrero Hernández

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  3. Que bonito saber de los comienzos de la vida cristiana en Madrid. Pido a Dios que el mensaje de Jesús se siga escuchando cada día más y los madrileños reconozcan al único que puede salvarlos

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  4. Acogemos respetuosamente, como no podía ser menos, su comentario al reportaje de Luis Hernández Alfonso sobre las iglesias evangélicas madrileñas.

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  5. Me encanta el detalle de la historia.

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  6. Muchas gracias por su comentario, que nos alegra mucho. Un saludo cordial.

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