2. LUIS HERNÁNDEZ RICO

Nacido en Novelda (Alicante) el 4 de marzo de 1866, Luis Hernández Rico fue abogado, licenciado en Filosofía y Letras y catedrático. Procedente de una familia acendradamente católica y bien relacionada con el más elevado clero valenciano, simultaneó sus estudios en la Universidad de Valencia con una tempranísima actividad de propagandista católico y señaladamente con la fundación y dirección, en 1886, del Centro Republicano Católico de Valencia y de su órgano, el «Boletín de la Democracia Católica», en un intento pionero en España por conciliar republicanismo y catolicismo, valores juzgados en aquel entonces incompatibles. Con en este mismo intento impulsó y dirigió la Alianza de Republicanos Católicos de España como lazo de relación entre los católicos de todas las fracciones republicanas. En 1890 encabeza la Alianza de Demócratas de España, de cuyo Boletín-Revista es director. En la ciudad del Turia es también, por aquellos años, miembro activo de la Academia Científico-Literaria de la Juventud Católica y del Ateneo Científico, Literario y Artístico.

Siendo vecino de Catarroja, el 29 de enero de 1894 contrae nupcias en la valenciana parroquia de San Lorenzo con Consuelo Alfonso Doñate, natural de Valencia. El matrimonio tendrá cuatro hijos: Josefa (Valencia, 1896 – Madrid, 1970), Consuelo, Luis Antonio (Valencia, 1897 – Buñol, 1900) y Luis Hernández Alfonso (Buñol, 1900 – Madrid, 1979).

Tras cursar estudios en Valencia, donde publicaría sus primeras obras de carácter filosófico, fue secretario del Ayuntamiento de Buñol (Valencia) entre los años 1901 y 1905 y se trasladó posteriormente a Madrid, donde residiría ya de manera estable hasta la Guerra Civil. El 26 de diciembre de 1913 ingresa en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación en calidad de académico profesor.

Espíritu tolerante y respetuoso, fue evolucionando desde su catolicismo juvenil a un ateísmo que no impidió jamás que alrededor de él se congregaran personas de ideas totalmente distintas de las suyas, desde altos exponentes eclesiásticos hasta personajes políticos de opuesta tendencia política, atraídos todos por su magisterio intelectual y calidad humana. De sus juveniles inquietudes filosóficas y cosmológicas dan testimonio dos curiosos folletos existentes en la Biblioteca Nacional de Madrid: Dios y materia. Resultado de una investigación sobre la naturaleza y el origen del Universo (Valencia, Impr. de A. Cortés, 1895) y Ensayo de una explicación del Universo(Valencia, Libr. de Pascual Aguilar, 1898).

Sus investigaciones le llevaron a madurar una visión del mundo y de la historia basada en la lucha como factor de progreso en todos los órdenes. Esta su visión de la realidad, por él bautizada belismo y de clara ascendencia hegeliana con matices marxistas y positivistas, fue afinándola y profundizándola desde su cátedra de Procedimiento de Estado en la Escuela Superior de Estudios Jurídicos de Madrid y en sus numerosas conferencias, y quedó en cierta medida fijada con carácter definitivo, por lo menos en lo que se refiere a sus consecuencias jurídicas, en La lucha en el derecho, opúsculo de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación que recoge el texto de una conferencia por él pronunciada en la Sesión Pública de dicha institución el 22 de febrero de 1917, en plena Primera Guerra Mundial. En su calidad de académico, publicó varios artículos en prestigiosas revistas jurídicas y culturales de la época como la «Revista General de Legislación y Jurisprudencia» (una relación provisional de los escritos del profesor Hernández Rico, permanentemente actualizada y con acceso al texto completo de los mismos, puede consultarse en el siguiente hipervínculo: Obras de Luis Hernández Rico).

En lo político, su estudio del modelo presidencialista en las constituciones de los Estados Unidos de América y de varias repúblicas iberoamericanas lo impulsó a vislumbrar en el presidencialismo republicano el ancla de salvación para la España de la época, cuyo sistema político y social derivado de la Restauración alfonsina era incapaz ya de encauzar las nuevas perspectivas sociales y políticas que iban presentándose en el panorama nacional e internacional. Por ello, en 1919, funda en Madrid el Partido Republicano Presidencialista de España, formado mayoritariamente por relevantes juristas y prometedores discípulos suyos, entre los que ejerció una misión de magisterio humano y político de la que dan fe los testimonios que éstos dejarían consignados en varias ocasiones en las páginas de El Presidencialista, órgano de prensa de la Juventud Republicana Presidencialista de España, en el que Hernández Rico publicó artículos empleando a veces el seudónimo de Licenciado Ludovico. Dicho órgano de prensa fue sucesor del primer boletín del Partido, que vio la luz en 1920 y que se tituló El Presidencialismo. Durante los años de la dictadura de Primo de Rivera, que le despojó de su cátedra, siguió propugnando con valentía, junto con muchos otros intelectuales, el advenimiento de la República por él soñada, tarea en la que fue válidamente asistido por su hijo, el periodista y escritor Luis Hernández Alfonso.

Instaurada ya la República, el partido fundado por Hernández Rico pasaría a denominarse Partido Republicano Presidencial-Comunista de España, lo que da testimonio de su evolución hacia posiciones de extrema izquierda como consecuencia, entre otros factores, de la deriva burguesa del nuevo régimen. Tras el Alzamiento faccioso, Hernández Rico constituirá aún el Grupo de Estudios Sociales, una especie de think tank con el cometido de preparar la Revolución, y el Comité de Iniciativa de la Federación de Autores Revolucionarios.

Luis Hernández Rico fallecerá en Valencia, en plena Guerra Civil, el 14 de agosto de 1938. Sus últimas palabras fueron para conocer cómo evolucionaba la contienda.

Según nos informa el historiador buñolense don Juan Simón Lahuerta —a quien quedamos muy agradecidos por su modélica investigación—, Luis Hernández Rico fue sepultado, según consta en el Libro de enterramientos del Cementerio General de Valencia, en la sección 7.ª derecha, cuadro 1, fila 7, letra F, lugar 4.º. Se trata de la misma zona en que, tras el final de la Guerra, se abrieron las fosas que acogieron a las víctimas de la represión franquista. El viejo luchador republicano fallecido en plena contienda descansaría, pues, entre otros correligionarios, muertos por defender sus mismos ideales.


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