Radiante, luminoso ha amanecido el día

•Sábado 12 septiembre 2015 • Dejar un comentario

Poesía inédita de Luis Hernández Alfonso, escrita pensando en su esposa, María de los Dolores Rodríguez Cárdenas (1898-1994), y fechada en la Cárcel de Baza el 11 de junio de 1939. Su manuscrito autógrafo a lápiz se conserva en el archivo familiar y ha sido fotografiado por la profesora Aurore Ducellier, a quien va toda nuestra gratitud.

Radiante, luminoso – ha amanecido el día.

El aire se ha llenado – de aroma y de color:

y, sin embargo, siento – que la melancolía

me invade con su mezcla – de gozo y de dolor.

Recuerdo otras mañanas – en otra primavera;

el plácido consuelo – de verte junto a mí,

(de hallarse con la vida – quien a la muerte espera),

de conocer, de nuevo, – la dicha que perdí.

Mi corazón te llama – aunque venir no puedes

—él sabe que algún día, – tarde o pronto, vendrás

para aplacar sus hambres, [–] para saciar sus sedes—

con la ilusión primera – que le devolverás.

L[uis] Hernández Alfonso

Cárcel de Baza 11-VI-39

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

¿Vale la pena de vivir, la vida?

•Sábado 5 septiembre 2015 • Dejar un comentario

Poesía inédita de Luis Hernández Alfonso, fechada en la Cárcel de Baza el 6 de junio de 1939. Su manuscrito autógrafo se conserva en el archivo familiar y ha sido fotografiado por la profesora Aurore Ducellier, a quien va toda nuestra gratitud.

¿Vale la pena de vivir, la vida?

¿Compensan la amargura

tantas veces sentida

el placer relativo que no dura,

la fe, apenas ganada, ya perdida?

Cuando el alma no olvida

sus caras ilusiones

durante muchos años abrigadas,

son las horas pasadas

sangrientas floraciones

nacidas y agostadas

con íntimo dolor en nuestro pecho.

Cada ideal deshecho,

cada esperanza rota,

nuestro vigor humano disminuyen

y las quimeras huyen

en trágica derrota.

Y, sin embargo, combatir es bello.

El mágico destello

de una nueva ilusión nos ilumina

y el corazón camina

por su antiguo sendero de esperanza,

en pos de la ventura que no alcanza,

con la angustia febril que no termina.

Y, valga o no la pena,

ama el hombre la vida,

llevando su memoria, que no olvida,

como lleva un forzado su cadena.

Luis Hernández Alfonso

Cárcel de Baza,
6 – junio – 1939.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Durante muchos años ha sonado mi lira

•Lunes 31 agosto 2015 • 6 comentarios

Poesía inédita de Luis Hernández Alfonso, fechada en la Cárcel de Baza el 4 de junio de 1939. Su manuscrito autógrafo se conserva en el archivo familiar y ha sido fotografiado por la profesora Aurore Ducellier, a quien va toda nuestra gratitud.

Durante muchos años – ha sonado mi lira

y he sido el incansable – sembrador de mis versos.

Es eterna la musa – que mis cantos inspira

y maduran sus frutos, – aquí y allá, dispersos.

Camino por la vida – como los trovadores

y tengo por tesoro – mi ilusión y mi dama.

Soy rico en alegrías – lo mismo que en dolores

y no aspiro a las breves – caricias de la fama.

Mi fe es tal, que ilumina – la senda más oscura

aunque sé que mi gesta – no pasará a la Historia.

Sé hallar miel en el fondo – de cualquier amargura

porque el fracaso guarda – semillas de victoria.

Soy una mezcla extraña – de poeta y guerrero.

Estoy desheredado. – Solo mi amor es mío.

Viajero infatigable, – mientras camino espero

y al porvenir me lanzo – como a la mar el río.

Luis Hernández Alfonso

Cárcel de Baza
4 – junio – 1939.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

¡Maravillosas noches las del pasado estío!

•Domingo 2 agosto 2015 • Dejar un comentario

Poesía inédita de Luis Hernández Alfonso, escrita pensando en su esposa, María de los Dolores Rodríguez Cárdenas (1898-1994), y fechada en la Cárcel de Baza el 1 de junio de 1939. Su manuscrito autógrafo se conserva en el archivo familiar y ha sido fotografiado por la profesora Aurore Ducellier, a quien va toda nuestra gratitud.

¡Maravillosas noches – las del pasado estío!

Hablaban quedamente – tu corazón y el mío.

Nos escuchaban solo – las flores del jardín.

Tu voz fundía el hielo – de mi melancolía

y el aura silenciosa, – serena, nos traía

olor de hierbabuena[,] – de rosa y de jazmín.

Rompían la negrura – del cielo las estrellas

(las veo cada noche – pero no son aquellas)

y brillaba, perdida – en el monte, una luz.

Convertida en Ariadna – de un herido Teseo,

con la suave ternura – de noble Cirineo

del peso me aliviabas – de mi terrible cruz.

Fuiste agua en el desierto – y calma en la tormenta;

un refugio apacible – en la lucha cruenta;

miel entre la amargura; – en el caos, quietud…

Por ti —por la caricia – que vive en mi memoria—

mi triste vencimiento – se convirtió en victoria

y todavía dura —por ti— mi juventud.

Luis Hernández Alfonso

Cárcel de Baza.
1-VI-39.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Está gris el día y el cielo, nublado

•Viernes 31 julio 2015 • Dejar un comentario

Poesía inédita de Luis Hernández Alfonso, fechada en la Cárcel de Baza el 20 de mayo de 1939. Aunque no se ha localizado el manuscrito original, dos copias mecanografiadas coevas se conservan en el archivo familiar, una de las cuales ha sido fotografiada por la profesora Aurore Ducellier, a quien va toda nuestra gratitud. 

Está gris el día y el cielo, nublado,

parece de yeso.

La torre señera, dormida en el aire,

es un centinela silencioso y quieto.

Frío en las alturas

y frío aquí dentro.

En las celdas que el sol no ilumina

dormitan los presos.

Las paredes parecen más recias

y pesa el silencio.

Cárcel provinciana,

antiguo convento[,]

es un manicomio

en el [que] conviven los locos y cuerdos.

¡Qué gris está el día!

¡Qué oscuro está el cielo!

Horizonte de torre y de nubes

y palacio de lacras y tedio…

LUIS HERNÁNDEZ ALFONSO

Cárcel de Baza 20-V-39

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Viaje perigeo

•Viernes 31 julio 2015 • Dejar un comentario

Poema inédito de Luis Hernández Alfonso, escrito pensando en su esposa, María de los Dolores Rodríguez Cárdenas (1898-1994), y fechado en la Cárcel de Baza entre los días 24 y 27 de mayo de 1939. Su manuscrito autógrafo —que ocupa 4 cuartillas escritas por ambas caras— se conserva en el archivo familiar y ha sido fotografiado por la profesora Aurore Ducellier, a quien va toda nuestra gratitud.

Quisiera realizar —yendo contigo—

un delicioso viaje perigeo.

Tendría mi deseo

como sostén tu corazón amigo[.]

Marruecos nos daría

la pintoresca nota musulmana[,]

mezcla de realidad y fantasía

en esa algarabía

nieta impura de Córdoba sultana.

Sobre olas de cobalto

con encajes finísimos de plata

veremos, sin temor ni sobresalto[,]

la costra preferida del pirata,

ciudades argelinas

blancas, como palomas,

y las peladas lomas

o las profundas abras tunecinas.

Cruzar el mar de Sirtes fabuloso

y hacia el callado Egipto misterioso /

seguir nuestro camino

y, al despuntar un día[,]

llegar a la famosa Alejandría[,]

ciudad abandonada a su destino,

cuna de ciencia otrora

que el glorioso pasado rememora

y alza torres altivas y gallardas

de prodigioso estilo

que son como gigantes alabardas

protegiendo las márgenes del Nilo.

Allí disfrutaremos la dulzura

de las divinas noches orientales

y en tu oído serán mis madrigales

mensajeros veraces de ternura.

Cruzando los ardientes arenales

visitaremos templos derruidos,

las tumbas de los reyes

que impusieron el yugo de sus leyes

a los pueblos vencidos,

siempre en el trance de sufrir su enojo.

Después, por el Mar Rojo,

la Arabia y el Omán bordearemos /

y a las aguas de Persia arribaremos.

Por las costas de Irán, a la ventura

las tierras de Indostán alcanzaremos

y allí, nos perderemos

de la terrible jongla en la espesura.

En busca de las aguas de Golconda

a Bombay y Calcuta abandonando,

iremos navegando

a las fecundas islas de la Sonda.

Indochina y Siam visitaremos

y una noche tranquila

felices pasaremos

bajo el cielo estrellado de Manila.

China, la milenaria,

nos brindará perfumes ignorados

en jardines de flora extraordinaria

y allí, maravillados

veremos los bastiones elevados

contra las duras hordas de Tartaria.

De Confucio y Liao-Tsen en las mansiones

sentiremos el alma misteriosa

de la raza paciente y laboriosa

que convirtió sus piedras en dragones. /

Sanghai, extraña copa,

será de nuestra sed dulce reparo

brindándonos su raro

cock-tail de Asia y Europa.

Después, con el deseo por piloto,

de amor ardiendo en la divina llama,

hallaremos en Kioto

y Tokio y Yokohama

los motivos del drama

que hace buscar a tantos desgraciados

como fin de sus penas, los sagrados

abismos del nevado Fujiyama.

Eternos vagabundos[,]

al dulce Honolulú proa pondremos

y en él encontraremos

paradisiaca mezcla de tres mundos.

Más tarde, con la mente

colmada de orientales fantasías

iremos a buscar en breves días

el Nuevo Continente.

Brusco cambio de ambiente

preñado de sorpresas y emociones /

avivará las bellas ilusiones

de nuestro idilio ardiente,

gloriosa comunión de corazones.

La América del Norte, áspera y dura

en los Montes Rocosos

y plácida y serena en la espesura

de sus bosques umbrosos.

País de los trabajos fabulosos,

de fortunas gigantes[,]

paraíso o infierno de emigrantes

que, soñando un tesoro

y creyéndose dueños del destino[,]

erraron su camino

por la fiebre del oro.

Ciudades monstruosas,

dilatadas praderas,

intrigas financieras

que procuran ganancias abundosas;

todo en ritmo febril, acelerado,

movimiento ignorado

en nuestras latitudes.

Complejo de defectos y virtudes

de un gran pueblo, envidioso y envidiado. /

Y nosotros, latinos

(latinos y españoles,

pólvora nueva en clásicos pañoles,

mensajeros del arte y de los vinos)[,]

iremos por los barrios neoyorquinos

(febriles, afanosos,

inquietos, bulliciosos)

sin dejarnos captar por el ambiente,

contentos y orgullosos

de nuestra ruda historia,

la de un pueblo doliente

que con su propia sangre, hizo su gloria.

Por tierra firme o por moviente espuma

iremos al solar de Moctezuma.

Sus templos, olvidados,

con callado fervor contemplaremos.

Allí recordaremos

a los recios soldados

vencedores de Otumba

que hallaron, por su fe, laurel y tumba.

Más tarde arribaremos

al país del tabaco y de la rumba[,]

de maniguas frondosas

y de aromadas noches prodigiosas. /

Y cruzaremos, luego[,]

la América del Sur desde el Caribe

que al Tocuyo recibe

a la Tierra de Fuego

pasando la amplia curva que describe

el turbio Pilcomayo en su carrera

y la vasta pradera

de la tierra argentina;

y de la costa brava

ensombrecida por la cumbre andina

hasta la arena fina

en donde el Marañón su curso acaba.

Después, plácidamente,

tornaremos al Viejo Continente

donde el hogar espera.

Canarias y Madera

nos brindarán asilo

y en un día tranquilo

de sosegado mar y luz suave

atracará la nave

—recia y tenaz, como la vida hispana

unas veces ligera y otras grave— /

en la dorada costa valenciana.

Cuando tu amor bendigo

crece en mi alma el deseo

de realizar, contigo,

mi delicioso viaje perigeo.

Luis Hernández Alfonso

Cárcel de Baza 24-27
de mayo MCMXXXIX

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Mano que acariciaba mi frente, ensombrecida

•Jueves 30 julio 2015 • Dejar un comentario

Poesía inédita de Luis Hernández Alfonso, escrita pensando en su esposa, María de los Dolores Rodríguez Cárdenas (1898-1994), y fechada en la Cárcel de Baza el 22 de mayo de 1939. Su manuscrito autógrafo se conserva en el archivo familiar y ha sido fotografiado por la profesora Aurore Ducellier, a quien va toda nuestra gratitud.

Mano que acariciaba – mi frente, ensombrecida

por el dolor acerbo – del fracasado afán;

mano que me brindaba – el agua apetecida,

que mullía mi lecho, – que partía mi pan…

Lirio que en mi recuerdo – jamás se desvanece,

que, vanamente, ahora – me busca en derredor;

mano tibia y amada – cuya ausencia parece

privar a mi existencia – de su encanto mejor.

Mano caritativa – de jazmín y de cera[;]

mano dulce, de amante[,] – y mano maternal[;]

flor sin la que parece – triste la primavera,

la rosa que más quiero – de mi oculto rosal.

Luis Hernández Alfonso

Cárcel de Baza = 22-V-39

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

 
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