¡Maravillosas noches las del pasado estío!

•Domingo 2 agosto 2015 • Dejar un comentario

Poesía inédita de Luis Hernández Alfonso, escrita pensando en su esposa, María de los Dolores Rodríguez Cárdenas (1898-1994), y fechada en la Cárcel de Baza el 1 de junio de 1939. Su manuscrito autógrafo se conserva en el archivo familiar y ha sido fotografiado por la profesora Aurore Ducellier, a quien va toda nuestra gratitud.

¡Maravillosas noches – las del pasado estío!

Hablaban quedamente – tu corazón y el mío.

Nos escuchaban solo – las flores del jardín.

Tu voz fundía el hielo – de mi melancolía

y el aura silenciosa, – serena, nos traía

olor de hierbabuena[,] – de rosa y de jazmín.

Rompían la negrura – del cielo las estrellas

(las veo cada noche – pero no son aquellas)

y brillaba, perdida – en el monte, una luz.

Convertida en Ariadna – de un herido Teseo,

con la suave ternura – de noble Cirineo

del peso me aliviabas – de mi terrible cruz.

Fuiste agua en el desierto – y calma en la tormenta;

un refugio apacible – en la lucha cruenta;

miel entre la amargura; – en el caos, quietud…

Por ti —por la caricia – que vive en mi memoria—

mi triste vencimiento – se convirtió en victoria

y todavía dura —por ti— mi juventud.

Luis Hernández Alfonso

Cárcel de Baza.
1-VI-39.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Está gris el día y el cielo, nublado

•Viernes 31 julio 2015 • Dejar un comentario

Poesía inédita de Luis Hernández Alfonso, fechada en la Cárcel de Baza el 20 de mayo de 1939. Aunque no se ha localizado el manuscrito original, dos copias mecanografiadas coevas se conservan en el archivo familiar, una de las cuales ha sido fotografiada por la profesora Aurore Ducellier, a quien va toda nuestra gratitud. 

Está gris el día y el cielo, nublado,

parece de yeso.

La torre señera, dormida en el aire,

es un centinela silencioso y quieto.

Frío en las alturas

y frío aquí dentro.

En las celdas que el sol no ilumina

dormitan los presos.

Las paredes parecen más recias

y pesa el silencio.

Cárcel provinciana,

antiguo convento[,]

es un manicomio

en el [que] conviven los locos y cuerdos.

¡Qué gris está el día!

¡Qué oscuro está el cielo!

Horizonte de torre y de nubes

y palacio de lacras y tedio…

LUIS HERNÁNDEZ ALFONSO

Cárcel de Baza 20-V-39

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Viaje perigeo

•Viernes 31 julio 2015 • Dejar un comentario

Poema inédito de Luis Hernández Alfonso, escrito pensando en su esposa, María de los Dolores Rodríguez Cárdenas (1898-1994), y fechado en la Cárcel de Baza entre los días 24 y 27 de mayo de 1939. Su manuscrito autógrafo —que ocupa 4 cuartillas escritas por ambas caras— se conserva en el archivo familiar y ha sido fotografiado por la profesora Aurore Ducellier, a quien va toda nuestra gratitud.

Quisiera realizar —yendo contigo—

un delicioso viaje perigeo.

Tendría mi deseo

como sostén tu corazón amigo[.]

Marruecos nos daría

la pintoresca nota musulmana[,]

mezcla de realidad y fantasía

en esa algarabía

nieta impura de Córdoba sultana.

Sobre olas de cobalto

con encajes finísimos de plata

veremos, sin temor ni sobresalto[,]

la costra preferida del pirata,

ciudades argelinas

blancas, como palomas,

y las peladas lomas

o las profundas abras tunecinas.

Cruzar el mar de Sirtes fabuloso

y hacia el callado Egipto misterioso /

seguir nuestro camino

y, al despuntar un día[,]

llegar a la famosa Alejandría[,]

ciudad abandonada a su destino,

cuna de ciencia otrora

que el glorioso pasado rememora

y alza torres altivas y gallardas

de prodigioso estilo

que son como gigantes alabardas

protegiendo las márgenes del Nilo.

Allí disfrutaremos la dulzura

de las divinas noches orientales

y en tu oído serán mis madrigales

mensajeros veraces de ternura.

Cruzando los ardientes arenales

visitaremos templos derruidos,

las tumbas de los reyes

que impusieron el yugo de sus leyes

a los pueblos vencidos,

siempre en el trance de sufrir su enojo.

Después, por el Mar Rojo,

la Arabia y el Omán bordearemos /

y a las aguas de Persia arribaremos.

Por las costas de Irán, a la ventura

las tierras de Indostán alcanzaremos

y allí, nos perderemos

de la terrible jongla en la espesura.

En busca de las aguas de Golconda

a Bombay y Calcuta abandonando,

iremos navegando

a las fecundas islas de la Sonda.

Indochina y Siam visitaremos

y una noche tranquila

felices pasaremos

bajo el cielo estrellado de Manila.

China, la milenaria,

nos brindará perfumes ignorados

en jardines de flora extraordinaria

y allí, maravillados

veremos los bastiones elevados

contra las duras hordas de Tartaria.

De Confucio y Liao-Tsen en las mansiones

sentiremos el alma misteriosa

de la raza paciente y laboriosa

que convirtió sus piedras en dragones. /

Sanghai, extraña copa,

será de nuestra sed dulce reparo

brindándonos su raro

cock-tail de Asia y Europa.

Después, con el deseo por piloto,

de amor ardiendo en la divina llama,

hallaremos en Kioto

y Tokio y Yokohama

los motivos del drama

que hace buscar a tantos desgraciados

como fin de sus penas, los sagrados

abismos del nevado Fujiyama.

Eternos vagabundos[,]

al dulce Honolulú proa pondremos

y en él encontraremos

paradisiaca mezcla de tres mundos.

Más tarde, con la mente

colmada de orientales fantasías

iremos a buscar en breves días

el Nuevo Continente.

Brusco cambio de ambiente

preñado de sorpresas y emociones /

avivará las bellas ilusiones

de nuestro idilio ardiente,

gloriosa comunión de corazones.

La América del Norte, áspera y dura

en los Montes Rocosos

y plácida y serena en la espesura

de sus bosques umbrosos.

País de los trabajos fabulosos,

de fortunas gigantes[,]

paraíso o infierno de emigrantes

que, soñando un tesoro

y creyéndose dueños del destino[,]

erraron su camino

por la fiebre del oro.

Ciudades monstruosas,

dilatadas praderas,

intrigas financieras

que procuran ganancias abundosas;

todo en ritmo febril, acelerado,

movimiento ignorado

en nuestras latitudes.

Complejo de defectos y virtudes

de un gran pueblo, envidioso y envidiado. /

Y nosotros, latinos

(latinos y españoles,

pólvora nueva en clásicos pañoles,

mensajeros del arte y de los vinos)[,]

iremos por los barrios neoyorquinos

(febriles, afanosos,

inquietos, bulliciosos)

sin dejarnos captar por el ambiente,

contentos y orgullosos

de nuestra ruda historia,

la de un pueblo doliente

que con su propia sangre, hizo su gloria.

Por tierra firme o por moviente espuma

iremos al solar de Moctezuma.

Sus templos, olvidados,

con callado fervor contemplaremos.

Allí recordaremos

a los recios soldados

vencedores de Otumba

que hallaron, por su fe, laurel y tumba.

Más tarde arribaremos

al país del tabaco y de la rumba[,]

de maniguas frondosas

y de aromadas noches prodigiosas. /

Y cruzaremos, luego[,]

la América del Sur desde el Caribe

que al Tocuyo recibe

a la Tierra de Fuego

pasando la amplia curva que describe

el turbio Pilcomayo en su carrera

y la vasta pradera

de la tierra argentina;

y de la costra brava

ensombrecida por la cumbre andina

hasta la arena fina

en donde el Marañón su curso acaba.

Después, plácidamente,

tornaremos al Viejo Continente

donde el hogar espera.

Canarias y Madera

nos brindarán asilo

y en un día tranquilo

de sosegado mar y luz suave

atracará la nave

—recia y tenaz, como la vida hispana

unas veces ligera y otras grave— /

en la dorada costa valenciana.

Cuando tu amor bendigo

crece en mi alma el deseo

de realizar, contigo,

mi delicioso viaje perigeo.

Luis Hernández Alfonso

Cárcel de Baza 24-27
de mayo MCMXXXIX

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Mano que acariciaba mi frente, ensombrecida

•Jueves 30 julio 2015 • Dejar un comentario

Poesía inédita de Luis Hernández Alfonso, escrita pensando en su esposa, María de los Dolores Rodríguez Cárdenas (1898-1994), y fechada en la Cárcel de Baza el 22 de mayo de 1939. Su manuscrito autógrafo se conserva en el archivo familiar y ha sido fotografiado por la profesora Aurore Ducellier, a quien va toda nuestra gratitud.

Mano que acariciaba – mi frente, ensombrecida

por el dolor acerbo – del fracasado afán;

mano que me brindaba – el agua apetecida,

que mullía mi lecho, – que partía mi pan…

Lirio que en mi recuerdo – jamás se desvanece,

que, vanamente, ahora – me busca en derredor;

mano tibia y amada – cuya ausencia parece

privar a mi existencia – de su encanto mejor.

Mano caritativa – de jazmín y de cera[;]

mano dulce, de amante[,] – y mano maternal[;]

flor sin la que parece – triste la primavera,

la rosa que más quiero – de mi oculto rosal.

Luis Hernández Alfonso

Cárcel de Baza = 22-V-39

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

No sé cuándo mis versos llegarán a tus manos

•Miércoles 29 julio 2015 • 4 comentarios

Poesía inédita de Luis Hernández Alfonso, escrita pensando en su esposa, María de los Dolores Rodríguez Cárdenas (1898-1994), y fechada en la Cárcel de Baza el 21 de mayo de 1939. Su manuscrito autógrafo se conserva en el archivo familiar y ha sido fotografiado por la profesora Aurore Ducellier, a quien va toda nuestra gratitud.

No sé cuándo mis versos – llegarán a tus manos

ni cuándo tu mirada – los acariciará.

Son tan ignotos siempre – los destinos humanos

que muere la esperanza – cuando naciendo está.

Mi vida se consume – sin norte ni sendero.

Quiero llorar contigo – y contigo reír.

O caer en la lucha – como cae el guerrero

o como los ilotas – en la calma vivir.

Renuncio a los laureles – que son premio y castigo

y al sendero glorioso – de la inmortalidad

si no he de recorrerlo – de la mano contigo

y ser tuyo en la dicha – como en la adversidad.

Luis Hernández Alfonso

Cárcel de Baza – 21-V-39.

Fotografía: Aurora Ducellier.

Fotografía: Aurora Ducellier.

Me anima la esperanza de volver a tu lado

•Martes 28 julio 2015 • 2 comentarios

Poesía inédita de Luis Hernández Alfonso, escrita pensando en su esposa, María de los Dolores Rodríguez Cárdenas (1898-1994), desde la Cárcel de Baza, muy probablemente entre el 17 y el 21 de mayo de 1939. Su manuscrito autógrafo —cuya parte inferior con la fecha y la firma está rasgada— se conserva en el archivo familiar y ha sido fotografiado por la profesora Aurore Ducellier, a quien va toda nuestra gratitud. 

Me anima la esperanza – de volver a tu lado,

de mirarme en tus ojos – y bañarme en su luz.

De seguir el camino – que tenemos trazado

ayudándonos ambos – a llevar nuestra cruz.

Me anima la esperanza – de llegar a la meta

—horizonte sin nubes – y calma sin dolor—[;]

de gozar, en silencio, – de una dicha secreta

sin ver, indiferentes, – en nuestro derredor.

Confío en que ese anhelo – se verá realizado[:]

tengo fe en mi destino – y confianza en ti.

Sé que has de darme mucho – por lo que ya me has dado

y que todo he de darte – por lo que ya te di.

Así, en mi cautiverio, – pasa el tiempo deprisa

—hambre que espera hartura – dicen que hambre no es—[.]

Sonará en mis oídos – el cristal de tu risa.

Y si ahora soñamos – ¡viviremos después!

[Luis Hernández Alfonso]

Me anima la esperanza_193905??

Fotografía: Aurore Ducellier.

Añoranza

•Sábado 25 julio 2015 • Dejar un comentario

Poesía inédita de Luis Hernández Alfonso, escrita pensando en su esposa, María de los Dolores Rodríguez Cárdenas (1898-1994), y fechada en la Cárcel de Baza el 17 de mayo de 1939. Su manuscrito autógrafo, junto con dos copias mecanografiadas coevas, se conserva en el archivo familiar, y ha sido fotografiado por la profesora Aurore Ducellier, a quien va toda nuestra gratitud. 

Añoranza

¡Cómo añoro las horas pasadas!

¡Cómo aumenta la ausencia el recuerdo!

¡Cuánto valen los días lejanos

de amor y silencio!

Entonces, apenas

ocupaban nuestro pensamiento

los nimios detalles

que hoy nos sangran dentro.

Era una sonrisa

flor de sentimiento

y cada palabra

como una esperanza desplegada al viento.

Vivíamos ambos

en un mundo nuestro,

de horizontes de afán infinito

en mañana de albores eternos.

Tranquilo remanso,

pacífico puerto, //

de la ruta común de dos vidas

final y comienzo…

Rincón deseado

de calma y sosiego,

de los goces más puros del alma

reducto secreto.

Unidos, muy juntos,

la tierra y el cielo

anulando la voz de la duda

y el curso del tiempo.

¡Cómo añoro las horas pasadas

de amor y silencio!

Luis Hernández Alfonso

Cárcel de Baza = 17-V-39.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Auore Ducellier.

Fotografía: Aurore Ducellier.

Fotografía: Pablo Herrero Hernández.

Fotografía: Pablo Herrero Hernández.

 
Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 134 seguidores