La protección divina como medio de gobierno

En estos tiempos en que las normas constitucionales democráticas —según las cuales, en el gobierno de las naciones políticamente bien organizadas intervienen más o menos directamente casi todos los ciudadanos, siendo, desde luego, un hecho indiscutible el que la gestión de los negocios públicos se realiza mediante un régimen de mayorías, el recuerdo de cuya implantación supone el mayor elogio que de manera general pueda hacerse a los hombres de fines del siglo XVIII y siglo XIX— se encuentran momentáneamente anuladas, mientras los pueblos se recobran de la sorpresa y el estupor que les ha producido el golpe de audacia de aquellos que, ostentando únicamente su propia representación, o cuando más la representación de una minoría, han conseguido con éxito momentáneo asaltar y apoderarse del gobierno de un país, es frecuente oír invocar, con el beneplácito y hasta la complicidad de aquellos que debieran contradecirlo, la elección o la protección divina para justificar un hecho que, humanamente, socialmente, no tiene justificación posible.

Esta manera de justificarse no es de ahora, ya que no era otra cosa el mito del origen divino de las monarquías, que hasta mereció los honores de ser tema de discusión de los grandes filósofos de varios siglos. Nosotros, que no pretendemos poseer la capacidad intelectual de aquéllos ni deseamos crear teorías nuevas sobre el asunto, no queremos más que recordar como curiosidad y también algo por espíritu de contradicción, ¿por qué no decirlo?, lo que respecto al tema dice la Biblia, obra que en buena lógica no puede resultar sospechosa para los que sostienen la tesis de la divina protección como base, sobre la que descansa y se afianza el régimen de gobierno absoluto.

Si nos molestamos en consultar el Antiguo Testamento (Samuel, cap. VIII), encontramos que habiendo Samuel envejecido, puso a sus hijos por jueces de Israel, pero viendo que éstos no seguían el camino de su padre, sino que «antes se ladearon tras la avaricia, recibiendo cohecho y pervirtiendo el derecho», el pueblo pidió a aquél un rey que los juzgara. Descontento con las palabras de su pueblo, Samuel oró a Jehová, que le dijo: «Oye la voz de tu pueblo en todo lo que te pidieren; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado para que no reine sobre ellos». Samuel expuso entonces a su pueblo los derechos que el rey había de tener y las desventajas que representarían para ellos: «Éste será el derecho del rey que hubiere de reinar sobre vosotros —dijo—, tomará vuestros hijos y pondrálos en sus carros y en su gente de a caballo para que corran delante de su amo. Tomará vuestras hijas para que sean perfumadoras, cocineras y amasadoras. Tomará vuestras tierras, vuestras viñas y las dará a sus siervos. Diezmará vuestros rebaños y seréis sus siervos…, y entonces clamaréis a causa de vuestro rey, mas Jehová no atenderá a vuestros lamentos». Pero a pesar de estos peligros, el pueblo insistió, y Jehová ordenó a Samuel: «Oye la voz de tu pueblo y pon rey sobre ellos».

Es decir, que Jehová, en contra de sus propios deseos y reconociendo tácitamente los inconvenientes que la modificación, que el cambio de régimen, suponía para los gobernados, según sabiamente había expuesto Samuel, hizo nombrar un rey en Israel, acatando así la soberanía popular que tan maltrecha e ignorada había de verse a través de los siglos; y si entonces solamente ante la insistencia de los futuros súbditos accedió a otorgar su divino exequátur a un rey absoluto, es de suponer que en la actualidad no habrá cambiado de parecer, sino más bien… Pero, en fin, estas cosas están demasiado sabidas para que sea necesario llevar adelante nuestras consideraciones; cada uno se hará las suyas, y nosotros ya hemos cumplido nuestro propósito de recordar el incidente relatado, pues suele ocurrir que las cosas que mejor sabemos son las que con mayor facilidad olvidamos, quizás debido a que el mismo exceso de conocimiento parece restarles importancia.

Carlos Dafonte Sánchez

«El Presidencialista», n.º 5 (mayo de 1928)

~ por rennichi59 en Martes 24 noviembre 2009.

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